¿ De qué cerdos hablamos?
La república mexicana fue obligada a colocarse un tapabocas al conocerse la presencia de la gripe cochina, como empezaron a llamarle en estos días a la epidemia de Influenza Porcina, convertida ahora en una pandemia.
A borbotones, las televisoras inundaron con información caótica nuestros hogares y otro tanto hicieron los gobiernos y funcionarios con alertas, contradicciones e improvisaciones del mal gusto, para arrinconarnos en nuestra propia casa y meternos miedo con una especie de chupacabras.
En estos días, ser mexicano es sinónimo de apestado, pues algunos países sugieren a su gente no viajar e nuestra Nación, e incluso en otros se nos niegan el acceso a sus ciudades por temor al contagio.
Hay quien afirma que con el cuento de la Influenza, quisieron impedirnos salir a protestar el Primero de Mayo, Día del Trabajo, pues si algo nos falta es empleo y si algo nos aterroriza de verdad es estar desempleados. O que querían entretenernos de esa forma para no darnos cuenta de supuestos arreglos indebidos entre gobernantes, empresarios, legisladores y partidos.
No faltan los vivales que hacen su agosto en abril, vendiendo cubrebocas y baratijas a precios de oro para impedir el contagio, ni políticos que empiezan su campaña repartiendo volantes con recomendaciones para evitar la transmisión de la Influenza de persona a persona.
Sea cual fuere la razón o circunstancia que nos llevó a esta sicosis colectiva, poco se ha hablado de sus causas: la pobreza, la falta de información y la falta de higiene.
México es un país con 60 millones de personas en extrema pobreza, y ese es el mejor caldo de cultivo para esa y muchas otras pandemias y calamidades de la era moderna.
En otras épocas hemos escuchado lo devastador que han sido la peste bubónica, el cólera y más recientemente el sida.
Actualmente, los gobiernos están más interesado en servir y facilitarle todo a las empresas, que en ver por la salud y la calidad de vida de los ciudadanos; las empresas nos tienen sólo como sujetos de consumo, metiéndonos al estómago productos chatarra que daña nuestra salud, nuestro bolsillo y nuestro medio ambiente.
El sector salud invierte más en curar que en prevenir y pronto ese servicio podría privatizarse, pues los dueños de farmacias y laboratorios no tienen llenadera y el gobierno deja hacer y deja pasar.
Por falta de higiene podemos dañar nosotros mismos nuestra salud, pero por falta de información, los ciudadanos seguiremos siendo víctimas de malos gobiernos y servidores públicos; indefensos ante empresarios voraces; y blanco perfecto de todas estas enfermedades de la pobreza extrema.
Es curioso que en estos días, al fin como parte de una sociedad desinformada, le hayamos cargado más la mano a los cerditos –los agarramos de nuestro puerquito-, olvidando los otros grandes males y problemas de nuestro tiempo, que también son pandemia: la corrupción, el narcotráfico, el desempleo, la delincuencia, la ineficiencia gubernamental, el cinismo de los políticos mañosos, más todo lo que dejemos que se nos acumule…Males que no podemos evitar dañen la salud de la república con un simple tapabocas.



