Por: Oscar León
El tema de la contaminación auditiva en Coatepec, raya en un problema de salud pública. Cada vez es mayor el porcentaje de vehículos, altoparlantes, claxóns y hasta cohetes que el ciudadano se debe aguantar, sin decir nada. Todo este ruido es lo que provoca que las personas tengan altos niveles de stress, además de un humor “negro” que hace que el estado de ánimo de las personas se vea colapsado. Ello desemboca en padecimientos físicos como colitis, úlceras y hasta estreñimientos. Corresponde a las autoridades de protección civil y de salud intervenir para que haya vigilancia y bajen los decibeles de ruido, por la salud de los conciudadanos.
Ya en varios programas de Cabildo Abierto, que transmite Radio Teocelo, se ha tocado el tema de la contaminación auditiva, pero se ha hecho caso omiso a esta legítima demanda de la ciudadanía. Es necesario que las autoridades hagan valer la reglamentación que sobre esta materia existe. Que se apliquen las sanciones respectivas, para atender un problema que se puede agravar y afectar a todos los estratos de la sociedad: niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.
Continúan las quejas en torno a la vialidad, pues si bien desde la óptica de algunos usuarios se ve más ordenada, es real que en horas pico, se siguen padeciendo los embotellamientos ocasionados por las doble filas de quienes dejan o recogen a sus hijos en las escuelas. Falta clarificar las señales, pues algunas ya se están cayendo, y en el caso de la calle 5 de Mayo hay confusión pues hay dos flechas que indican doble sentido. Y ya no hay tal.
Hubo necesidad de improvisar a personal de la policía municipal, que si bien se podría justificar, estos no cuentan con la información adecuada que en su caso tendrían los agentes de Tránsito. Se hace necesaria una revisión exhaustiva, pues en algunos casos los topes están al revés. Ejemplo, Zamora y Colón; Justo Sierra y Lerdo. Por último, si se va aplicar el uno x uno, que sea para todos. En muchos casos los taxistas son quienes no lo respetan.
Ya son múltiples las calles que no tienen alumbrado público. En una calle principal donde transitan cientos de personas, se convierte en un riesgo, pues la inseguridad ya permea por doquier. De las diez o doce lámpara que deberían prender son cinco o seis las que sirven y las demás permanecen apagadas e inservibles.
En últimas semanas, en la zonas se ha observado la llegada de personal de Marina y del Ejército, que instalan retenes, ocasionando que haya retraso entre las personas que van al estudio o al trabajo. Cuando les cuestionan, ¿Por qué me detienen? sólo se limitan a contestar: “es una revisión de rutina”. Pero vaya que sí intimidan y provocan miedo y pánico entre la población.
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