Don Benja muestra parte de su tallerBety Mora
Nací en 1924, tengo 85 años de edad. Desde los 13 años trabajé en el oficio de la herrería con mi papá, herrando bestias brutas y mansas. También trabajé de arriero, de peón de albañil y de fontanero.
El oficio de la herrería en mi familia empezó desde mi bisabuelo, se llamaba Adelaido Martínez Jarvio; después con mi abuelo, Manuel Martínez Vásquez; mi papá, Reinaldo Martínez Morales, y yo; a mis hijos poco les gustó la herrería. Antes había mucho trabajo pues toda la cosecha y las personas se movían en el lomo de las bestias.
Hacía herraduras, escarbadores y deshojadores (medias lunas) para cortar las hojas de plátano y destenchar árboles; además, herraba y curaba bestias cuando tenían dolor, fiebre o cuando les salía una bola en la barriga, se les ponían ungüento con yodo y cebo, esto aflojaba la bola y después le picábamos con una navaja y le salía todo el agua, pero uno tenía que untarse las manos con grasa para que no nos afectara. También hacíamos ventanas de fierro, pero de las grandes, ventanales antiguos, que ahora ya no hacen los balconeros, incluso hacíamos los dibujos que llevaban. Utilizábamos tenazas de varias formas para agarrar los fierros calientes.
Nuestra herrería estaba en la calle Miguel Negrete. Teníamos clientes de Monte Blanco, Baxtla, Cosautlán, Limones, Piedra Parada, Tlaltetela, Patlanalán, Ixhuatlán y más lugares. Eran personas que venían con carga de sus productos y si en el camino se les rompían las herraduras a las bestias las pasaban a herrar.
Nunca tuve ningún accidente, pero de patadas y mordidas de las bestias no me escapaba. Tengo una cicatriz porque una vez estaba herrando un caballo fino de don Beto Sánchez y me estaba ayudando uno de mis hijos, pero era muy agresivo y por defender a mi hijo me lastimó con la herradura.
Lo que más me gustaba era componer armas, las carabinas 30-30 del ejército las convertía en escopetas centrales de cartucho 410. Lo que menos me gustaba era herrar a las bestias pues era peligroso.
Los herreros de aquella época fueron don Desiderio Mora, al cual lo enseñó mi abuelo Manuel; don Basilio Mora, don Miguel Mora y don Cornelio Mora. También don Emiliano Martínez Vázquez, hermano de mi abuelo Manuel, él hacía pura obra negra: azadón, tencoles, escarbadores y otras herramientas. Hubo otros herreros que vinieron después, se apellidaban Huerta, eran 3; otro que se llamaba Luis Vásquez, le decían el chalahuite, éste tuvo su herrería donde está el kinder Jaime Nunó. Actualmente ya no hay herreros, pues ya hay muchas rodadas donde entran los carros y por lo tanto, hay menos bestias.
Como mis hermanos chicos empezaron a trabajar con mi papá en la herrería, y yo ya estaba casado, tuve que buscar otro trabajo por mi lado. Empecé de 13 años y estuve como herrero hasta los 31 que empecé en la fontanería. Cuando don Raúl Martínez fue presidente me llamó a trabajar al Ayuntamiento como fontanero en lo del agua. No sabía ni cómo se llamaban las herramientas, pero me enseñó el difunto don Betito Anell, de 20 de noviembre, él era albañil pero sabía del oficio. Empecé a hacer instalaciones de baños, a reparar fugas; también tenía que estar al corriente en el servicio del agua, cuando caía un aguacero fuerte, al otro día me iba a los manantiales a ver las cajas que había de captación, los tanques grandes en el Zapote. También me mandaban a cortar el agua de las personas que adeudaban pagar varios años del servicio. Me hacían firmar un oficio, donde decía que de no cortarles el agua, el pago adeudado sería descontado de mi sueldo, pero lo que yo hacía era ir a sus casas y avisarles a las personas que debían para que consiguieran el dinero y no se las cortara.
Era un trabajo muy pesado. Mucho tiempo trabajé yo solo, sin peón, tenía que cargar herramienta, reparar y escarbar, pues la tubería que conduce el agua para acá desde Paso del Obispo, estaba enterrada hasta 3 metros. Ocupaba las llaves Steelson, de 14 a 32 pulgadas; el caimán para los tubos más gruesos y un aparato con cadena. Tuve problemas con los dueños del los manantiales, hasta amenazas de muerte recibí, afortunadamente no pasó nada.
Les enseñé de fontanería a varias personas que ahora trabajan en el Ayuntamiento, como a mi sobrino Miguel Martínez Calderón y otros que me iban a ayudar, como don Otón Saac. El difunto Filogonio Gómez estaba en el cargo antes que yo, y algunas veces que le pedía ayuda me apoyaba. Con los presidentes que trabajé mejor fueron Amelia Cerecedo, Jaime Hernández, don Raúl Martínez y Noemí Guzmán. Con los demás tuve uno que otro problemita. Me retiré del Ayuntamiento por problemas con un alcalde. Trabajé 43 años como fontanero.
El problema que tenemos en Teocelo del agua contaminada, considero que no se ha resuelto por la dejadez de los presidentes para arreglarlo, porque opciones ha habido y hay varias.
Agradecemos a don Benja por compartirnos su historia de vida, la cual nos hace remontarnos a la historia de nuestro terruño. Si usted quiere visitarlo, puede hacerlo en la calle Belisario Domínguez número 10, en Teocelo.
El oficio de la herrería en mi familia empezó desde mi bisabuelo, se llamaba Adelaido Martínez Jarvio; después con mi abuelo, Manuel Martínez Vásquez; mi papá, Reinaldo Martínez Morales, y yo; a mis hijos poco les gustó la herrería. Antes había mucho trabajo pues toda la cosecha y las personas se movían en el lomo de las bestias.
Hacía herraduras, escarbadores y deshojadores (medias lunas) para cortar las hojas de plátano y destenchar árboles; además, herraba y curaba bestias cuando tenían dolor, fiebre o cuando les salía una bola en la barriga, se les ponían ungüento con yodo y cebo, esto aflojaba la bola y después le picábamos con una navaja y le salía todo el agua, pero uno tenía que untarse las manos con grasa para que no nos afectara. También hacíamos ventanas de fierro, pero de las grandes, ventanales antiguos, que ahora ya no hacen los balconeros, incluso hacíamos los dibujos que llevaban. Utilizábamos tenazas de varias formas para agarrar los fierros calientes.
Nuestra herrería estaba en la calle Miguel Negrete. Teníamos clientes de Monte Blanco, Baxtla, Cosautlán, Limones, Piedra Parada, Tlaltetela, Patlanalán, Ixhuatlán y más lugares. Eran personas que venían con carga de sus productos y si en el camino se les rompían las herraduras a las bestias las pasaban a herrar.
Nunca tuve ningún accidente, pero de patadas y mordidas de las bestias no me escapaba. Tengo una cicatriz porque una vez estaba herrando un caballo fino de don Beto Sánchez y me estaba ayudando uno de mis hijos, pero era muy agresivo y por defender a mi hijo me lastimó con la herradura.
Lo que más me gustaba era componer armas, las carabinas 30-30 del ejército las convertía en escopetas centrales de cartucho 410. Lo que menos me gustaba era herrar a las bestias pues era peligroso.
Los herreros de aquella época fueron don Desiderio Mora, al cual lo enseñó mi abuelo Manuel; don Basilio Mora, don Miguel Mora y don Cornelio Mora. También don Emiliano Martínez Vázquez, hermano de mi abuelo Manuel, él hacía pura obra negra: azadón, tencoles, escarbadores y otras herramientas. Hubo otros herreros que vinieron después, se apellidaban Huerta, eran 3; otro que se llamaba Luis Vásquez, le decían el chalahuite, éste tuvo su herrería donde está el kinder Jaime Nunó. Actualmente ya no hay herreros, pues ya hay muchas rodadas donde entran los carros y por lo tanto, hay menos bestias.
Como mis hermanos chicos empezaron a trabajar con mi papá en la herrería, y yo ya estaba casado, tuve que buscar otro trabajo por mi lado. Empecé de 13 años y estuve como herrero hasta los 31 que empecé en la fontanería. Cuando don Raúl Martínez fue presidente me llamó a trabajar al Ayuntamiento como fontanero en lo del agua. No sabía ni cómo se llamaban las herramientas, pero me enseñó el difunto don Betito Anell, de 20 de noviembre, él era albañil pero sabía del oficio. Empecé a hacer instalaciones de baños, a reparar fugas; también tenía que estar al corriente en el servicio del agua, cuando caía un aguacero fuerte, al otro día me iba a los manantiales a ver las cajas que había de captación, los tanques grandes en el Zapote. También me mandaban a cortar el agua de las personas que adeudaban pagar varios años del servicio. Me hacían firmar un oficio, donde decía que de no cortarles el agua, el pago adeudado sería descontado de mi sueldo, pero lo que yo hacía era ir a sus casas y avisarles a las personas que debían para que consiguieran el dinero y no se las cortara.
Era un trabajo muy pesado. Mucho tiempo trabajé yo solo, sin peón, tenía que cargar herramienta, reparar y escarbar, pues la tubería que conduce el agua para acá desde Paso del Obispo, estaba enterrada hasta 3 metros. Ocupaba las llaves Steelson, de 14 a 32 pulgadas; el caimán para los tubos más gruesos y un aparato con cadena. Tuve problemas con los dueños del los manantiales, hasta amenazas de muerte recibí, afortunadamente no pasó nada.
Les enseñé de fontanería a varias personas que ahora trabajan en el Ayuntamiento, como a mi sobrino Miguel Martínez Calderón y otros que me iban a ayudar, como don Otón Saac. El difunto Filogonio Gómez estaba en el cargo antes que yo, y algunas veces que le pedía ayuda me apoyaba. Con los presidentes que trabajé mejor fueron Amelia Cerecedo, Jaime Hernández, don Raúl Martínez y Noemí Guzmán. Con los demás tuve uno que otro problemita. Me retiré del Ayuntamiento por problemas con un alcalde. Trabajé 43 años como fontanero.
El problema que tenemos en Teocelo del agua contaminada, considero que no se ha resuelto por la dejadez de los presidentes para arreglarlo, porque opciones ha habido y hay varias.
Agradecemos a don Benja por compartirnos su historia de vida, la cual nos hace remontarnos a la historia de nuestro terruño. Si usted quiere visitarlo, puede hacerlo en la calle Belisario Domínguez número 10, en Teocelo.
2 comentarios:
gracias por recordar a mi abuelito... le gustaba mucho contar la historia de su vida... muchas gracias
atte.
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