16 de junio de 2008

¿Para qué sirve la televisión?

Por: Verónica Carrillo

Estuve varios días en casa y tuve la oportunidad de ver la televisión. Durante esos días soporte ver una campaña del Consejo Coordinador de las Empresas que dice: “Al que dé mordida llámalo así CORRUPTO, corrupto, Corrupto. No te calles. Alza la voz. Honestamente te necesitamos”. Dicho Consejo antes se llamaba Consejo Nacional de la Publicidad y se define como “un organismo de la iniciativa privada, concebido como una forma de participación social de los empresarios, -según ellos- desde su fundación en 1961 se ha distinguido por realizar campañas orientadas a influir positivamente en el ánimo y los hábitos de la sociedad mexicana, instituyendo así una mística de comunicación social” (¿?). También vi las campañas del Gobierno Federal a favor del ejercicio de nuestros derechos constitucionales: derechos humanos, el acceso a la información de los servidores públicos, denuncia a los abusos del poder, preservación del medio ambiente, prevención de enfermedades (especialmente de la obesidad), derecho a la participación ciudadana en el debate sobre la venta de PEMEX, asesorando a las señoras para comprar en lugares más económicos ante la crisis alimentaria. También están las campañas promocionales del trabajo de la Fidelidad del Gobierno Estatal con los veracruzanos.

Y entonces pensé que con la cantidad y la calidad de los contenidos que nos otorgan esos promocionales, México es un país exitoso. El ejercicio de los derechos ciudadanos están protegidos por la eficacia y eficiencia de las instituciones gubernamentales.

Sin embargo, todos esos anuncios no lograron que cambiara mi percepción de manipulación, mentira y estafa de la realidad. El hecho es que la televisión lo convierte todo en espectáculo, atropella la posibilidad del diálogo: la pantalla no tiene interlocutores.

Yo advierto que la calidad de vida de mis conciudadanos no es mejor que la que teníamos hace unos años. A través de los argumentos televisivos nos hacen creer que estamos mejor, pero no lo logro apreciar. ¿Por qué? Porque en la plática cotidiana con diferentes conciudadanos no logro que me den una opinión personal, comprometida, de criterio que tenga una posición de lo que nos está pasando en la vida real. Políticos, empresarios y dueños de los medios de comunicación amalgamados, nos tienden a los ciudadanos verdaderas trampas de convivencia social.

En la vida real mexicana no hay empleos, los empleos que ofertan no corresponden a las demandas de mano de obra, tampoco ofrecen buenos salarios, por eso es que se tiene que trabajar más de un turno o que toda la familia participe. O ¿qué creerán los políticos, empresarios y medios de comunicación mexicanos que es la causa por la cual los campesinos mexicanos emigran para trabajar en Estados Unidos y Canadá?

La verdad es que el futuro ya nos alcanzó. La crisis del país no se va a solucionar con la propuesta neoliberal de ayuda y apoyo económico a los marginados, sin elevar verdaderamente los niveles de la calidad de vida. En donde el acceso a la información y al conocimiento se hace imperioso. Un pueblo mejor informado puede participar mejor en la vida pública. Sin embargo, el proyecto educativo actual está más ocupado en asuntos políticos que en elevar la cultura y educación de los maestros.

El proyecto neoliberal no está ocupado de la atención a los compromisos sociales que obtiene un gobierno con su pueblo. El proyecto neoliberal está ocupado en conseguir más beneficios económicos para su élite política y empresarial, y la única opción que da a los marginados, a los pobres es a través de ayudas miserables. Esto es una falta de respeto a la dignidad humana, porque los marginados y pobres deben satisfacer sus necesidades con trabajos bien remunerados, no con limosnas neoliberales.

La falta de una autoridad que dirija el país se deja sentir, por ejemplo en el área de salud. Si es verdad que los servidores públicos están tan preocupados de los niveles de obesidad del país, entonces que sancionen a los empresarios de la industria alimentaria para que ofrezcan productos de calidad.

Como dicen, “los tiempo han cambiado”. Si. Consideremos que las señoras ya no hacen de comer en casa, que los niños y jóvenes tampoco comen en casa, además están siendo todos ellos bombardeados por la televisión –que se encuentra en todas partes- en el consumo de comida industrializada. ¿De qué o de quién es la competencia de poner un límite a esta situación de desinformación nutricional?

Otro ejemplo. Los grupos de poder económico y político nos motivan a través de sus campañas a que “alcemos la voz y nos defendamos de las injusticias que padezcamos”. Sin embargo, cuando lo logramos hacer vienen las fuerzas policiacas y armadas a reprimir a los quejumbrosos y molestos “pobres”. ¡Cómo se atreven a defender sus DERECHOS HUMANOS!

¿Para qué tanta reflexión? Para tratar de llegar a posicionarnos en esta realidad y darle sentido a nuestra rutina cotidiana, a veces apabullante. Para lograr este proceso de reflexión y participación literaria, leí a un politólogo italiano llamado Giovanni Sartori (1924). Este científico social elabora un estudio sobre la televisión y su influencia en los SERES HUMANOS. Y dice: nosotros somos HOMO SAPIENS, esto significa que tenemos la capacidad de abstraer ideas y conocimiento a partir de los libros y la lectura, de la palabra y elaborar conceptos. Pero, la intromisión de la televisión en TODAS nuestras actividades ha logrado que nos convirtamos en –lo que él define- HOMO VIDENS: en su mundo no hay más autoridad que la de la pantalla, el individuo sólo cree en lo que ve (o en lo que cree ver).

“El predominio del ver produce un efecto sobre la sociedad: la atrofia de la capacidad de entender. La televisión de bajo perfil de contenidos es la obra de gestores de escasa preparación intelectual y menguada sensibilidad cultural y social. El HOMO SAPIENS que Sartori asocia a la cultura escrita y la palabra, se transforma actualmente en HOMO VIDENS, esclavo de la imagen. La socialización audiovisual anula la capacidad de abstracción y, consiguientemente, atrofia la función del intelecto.”

Giovanni Sartori afirma que «actualmente, el pueblo soberano "opina" sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar; y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea».

Esto es lo que, opino, está pasando en nuestra vida real. La televisión ha transformado nuestra incipiente democracia en una ‘videocracia’. La toma de decisiones y el ejercicio de la autoridad se da sólo y solamente desde la televisión. Es común oir a los amigos y familiares expresar “lo dijeron en la televisión” y eso es equivalente a una verdad irrefutable, sin mayor cuestionamiento.

La próxima vez que encienda la televisión, le invito a ejercer una posición más personal y menos televisiva sobre la televisión.