Edith Peredo
Ese 26 de septiembre despertaron una parte de nosotros, una que muchos ni siquiera conocíamos… México arde y con él, nuestro corazón palpita exigiendo justicia.
Han pasado dos meses desde que policías municipales de Iguala y Cocula atacaron a estudiantes normalistas de Ayotzinapa; asesinando a tres y despareciendo a 43. Desde el pasado 26 de septiembre nada es lo mismo, las imágenes del rostro desollado de Julio César Mondragón, las marchas que han convocado a miles de mexicanos en todo el país, las voces de los padres de familia que siguen en pie de lucha esperando el regreso de sus hijos, los ataques a manifestantes de parte de las fuerzas policiales en el Zócalo Capitalino y los últimos anuncios del Ejecutivo Federal, han despertado nuestra conciencia social.
Hoy no podemos sacar el dolor de 43 madres y padres de nuestros recuerdos, no nos cansamos de atiborrar las calles para manifestarnos ni de gritar que fue el Estado quien nos arrebató a los compañeros.
La indignación crece con los días, analizamos, pensamos, imaginamos… Nos preguntamos ¿Cómo llegamos a este momento? ¿Cuándo dejamos de ser reales partícipes para conformar nuestra nación?, es difícil aceptar que uno también se equivoca, que hay parte de culpa en lo que sucede a nuestro alrededor. Que tiene años que soltamos el hilo dirigente y ahora somos nosotros los que estamos amarrados a un sistema corrupto, inútil y degradado.
Las instituciones han dejado de funcionar y las “reformas estructurales” fueron puro cuento para hacernos creer que la burocracia trabaja para el pueblo. Son ideas que muy bien se vendieron a la prensa extranjera, misma que hoy cambia el titular “The Mexican Moment” (el momento mexicano) por el de “The Mexican Murder” (el asesinato de México).
Mucho se habla – y se ha hablado – de desmantelar al gobierno, los mecanismos y aparatos que no funcionan y tomar la posición que nos corresponde. No se trata de desaparecer a la mal llamada “autoridad”, se trata de hacernos valer como democracia, como los verdaderos gobernantes de un pueblo que bien organizado resiste, lucha y exige.
Han transcurrido más de 50 días y el decálogo de cambios y reformas anunciado por Enrique Peña Nieto llegó demasiado tarde. Hoy el presidente asegura que tendrá la facultad de disolver todos los gobiernos municipales corruptos – ¿y el federal, apá? –.
Se realizará un operativo especial en la región conocida como Tierra Caliente, en Guerrero y Michoacán. Y la pregunta es ¿A cuántos ciudadanos más asesinará la policía y el ejército?
Se crearán policías estatales únicas para pasar de más de mil 800 policías municipales a “32 solidas corporaciones”. Además, se plantea la creación de un teléfono único de emergencias a nivel nacional, se propone que sea el 911. En redes sociales se publican memes con la rana rené sobre esta iniciativa; “A veces quisiera llamar al 911, luego recuerdo que es la policía la que secuestra y asesina y se me pasa”.
Basta de reformas, basta de discursos… Basta de burlarse de nuestro dolor, no estamos dispuestos a aceptar cansancios ni palabrerías. Bien dijo Peña Nieto, el fin, el objetivo de este movimiento es desestabilizar su proyecto de nación. Y es que lo que queremos es otro plan, no más reformas, no más ‘fiscalías especializadas’. Queremos una nación libre, sin corrupción, sin desapariciones, sin sangre.
“México, es hora de despertar. Ayotzi vive, la lucha sigue”.
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