Los mexicanos tenemos una clase política que da miedo. Más que la misma muerte.
Sean funcionarios municipales, estatales, federales, diputados, senadores, jueces, magistrados, ministros o elementos de cualquier corporación policiaca, incluidos marinos y soldados, siempre se ensañan con el pueblo que los elige y les da de comer.
Hoy por ejemplo, Enrique Peña Nieto es considerado un mandatario iletrado pero capaz de hacer el peor daño posible a más de 110 millones de compatriotas, por medio de la maquinaria de partidos, legisladores, empresarios y medios de comunicación, que se alían para incrustar a México en la esfera de los negocios internacionales.
Las llamadas reformas estructurales, no son otra cosa sino la castración de las principales garantías constitucionales que nos dejaron la guerra y la revolución, que llevarán a la Nación entera a la indefensión.
Y el Pacto por México, firmado por PRI-PAN-PRD, es el acta de matrimonio que une a los intereses más contrapuestos en la teoría, pero que en la práctica se aprovecha para lucrar políticamente a espaldas de los electores y para incrementar el capital político de cada partido, con el propósito perverso de seguir pegados como garrapatas al erario, a costa de la gente.
Mientras el PRD le hace el caldo gordo al PRI, apoyando su iniciativa de reforma fiscal, el PAN se une al partido de Peña Nieto para aprobar la reforma energética, luego de que PRD y PAN apoyaron también al PRI-Gobierno en la imposición de la mal llamada reforma educativa.
Pronto se verá que también PRI, PAN y PRD se unirán en el Congreso de la Unión, para aprobar las leyes secundarias de la reforma en telecomunicaciones, que dará más espectro y facilidades a los millonarios negocios de grandes empresarios y televisoras, excluyendo a los medios comunitarios e indígenas para condenarlos a que sigan siendo pocos, pequeños y pobres.
Pronto el presidente marca Televisa, EPN, cumplirá su primer año al frente del gobierno de la república, por lo que la consigna ¡Fuera Peña Nieto¡ recorrerá todos los rincones del país.
También en Veracruz se preparan escenarios, discursos, pago en medios y comilonas con cargo al erario, para “festejar” los primeros tres años del gobierno de Javier Duarte de Ochoa, ahora con barba y kilos demás, quien sigue acotado por la herencia del sexenio de Fidel Herrera Beltrán y su propia inexperiencia como mandatario.
Parte del teatro político que tenemos en la entidad, también por los enjuagues entre PRI, PAN y PRD, ha empobrecido el ejercicio y la práctica legislativa de los diputados locales, reduciendo su potencial político a levantar el dedo por consigna de sus coordinadores parlamentarios, prohibiéndoles convertirse en interlocutores incómodos del gobernador del Estado, aunque se aprueben las leyes más nefastas para el bienestar colectivo y se implante la corrupción y la impunidad como forma de gobierno.
Un ejemplo de los agravios que ocasiona esa alianza perversa entre el gobernador, los legisladores, partidos , empresarios y funcionarios estatales y municipales, es el proyecto de construcción de una presa entre los municipios de Teocelo, Tlaltetela y Coatepec, en los afluentes de los ríos Texolo y los Pescados, para abastecer de agua potable a Xalapa durante los próximos 25 años.
El costo de la obra será de 7 mil millones de pesos, de los cuales el 70% lo cubrirá una empresa brasileña y el resto será financiado por el Gobierno de Veracruz, para que la obra arranque en abril de 2014. Falta saber si los ejidatarios, comerciantes, agricultores, pescadores, amas de casa, estudiantes y grupos ambientalistas, otorgan la llamada “licencia social” para que el proyecto reciba luz verde. Pero el gobernador ya se adelantó a firmar compromisos con la empresa, sin oír antes a otros pueblos como la Antigua, Puente Nacional, Apazapan y Jalcomulco.
Y qué no decir de nuestros alcaldes, síndicos y regidores, que en dos meses se llevarán a casa –igual que los diputados salientes-, jugosos sueldos, compensaciones y aguinaldos, sin merecerlo y no obstante la indolencia con que se condujeron en sus respectivos periodos.
También en ese nivel de gobierno, los colores de partidos y las fronteras ideológicas se borran, ante la voracidad de una mediocre clase política, inexperta pero letal para el interés público.
Todavía no nos reponemos del miedo que nos causaron los estilos personales de gobernar de servidores públicos panistas, priístas y perredistas y ya vienen en dos meses nuevas administraciones con iguales o peores prácticas políticas, claro si los ciudadanos nos seguimos dejando. Lo veremos en cuatro años.
Sean funcionarios municipales, estatales, federales, diputados, senadores, jueces, magistrados, ministros o elementos de cualquier corporación policiaca, incluidos marinos y soldados, siempre se ensañan con el pueblo que los elige y les da de comer.
Hoy por ejemplo, Enrique Peña Nieto es considerado un mandatario iletrado pero capaz de hacer el peor daño posible a más de 110 millones de compatriotas, por medio de la maquinaria de partidos, legisladores, empresarios y medios de comunicación, que se alían para incrustar a México en la esfera de los negocios internacionales.
Las llamadas reformas estructurales, no son otra cosa sino la castración de las principales garantías constitucionales que nos dejaron la guerra y la revolución, que llevarán a la Nación entera a la indefensión.
Y el Pacto por México, firmado por PRI-PAN-PRD, es el acta de matrimonio que une a los intereses más contrapuestos en la teoría, pero que en la práctica se aprovecha para lucrar políticamente a espaldas de los electores y para incrementar el capital político de cada partido, con el propósito perverso de seguir pegados como garrapatas al erario, a costa de la gente.
Mientras el PRD le hace el caldo gordo al PRI, apoyando su iniciativa de reforma fiscal, el PAN se une al partido de Peña Nieto para aprobar la reforma energética, luego de que PRD y PAN apoyaron también al PRI-Gobierno en la imposición de la mal llamada reforma educativa.
Pronto se verá que también PRI, PAN y PRD se unirán en el Congreso de la Unión, para aprobar las leyes secundarias de la reforma en telecomunicaciones, que dará más espectro y facilidades a los millonarios negocios de grandes empresarios y televisoras, excluyendo a los medios comunitarios e indígenas para condenarlos a que sigan siendo pocos, pequeños y pobres.
Pronto el presidente marca Televisa, EPN, cumplirá su primer año al frente del gobierno de la república, por lo que la consigna ¡Fuera Peña Nieto¡ recorrerá todos los rincones del país.
También en Veracruz se preparan escenarios, discursos, pago en medios y comilonas con cargo al erario, para “festejar” los primeros tres años del gobierno de Javier Duarte de Ochoa, ahora con barba y kilos demás, quien sigue acotado por la herencia del sexenio de Fidel Herrera Beltrán y su propia inexperiencia como mandatario.
Parte del teatro político que tenemos en la entidad, también por los enjuagues entre PRI, PAN y PRD, ha empobrecido el ejercicio y la práctica legislativa de los diputados locales, reduciendo su potencial político a levantar el dedo por consigna de sus coordinadores parlamentarios, prohibiéndoles convertirse en interlocutores incómodos del gobernador del Estado, aunque se aprueben las leyes más nefastas para el bienestar colectivo y se implante la corrupción y la impunidad como forma de gobierno.
Un ejemplo de los agravios que ocasiona esa alianza perversa entre el gobernador, los legisladores, partidos , empresarios y funcionarios estatales y municipales, es el proyecto de construcción de una presa entre los municipios de Teocelo, Tlaltetela y Coatepec, en los afluentes de los ríos Texolo y los Pescados, para abastecer de agua potable a Xalapa durante los próximos 25 años.
El costo de la obra será de 7 mil millones de pesos, de los cuales el 70% lo cubrirá una empresa brasileña y el resto será financiado por el Gobierno de Veracruz, para que la obra arranque en abril de 2014. Falta saber si los ejidatarios, comerciantes, agricultores, pescadores, amas de casa, estudiantes y grupos ambientalistas, otorgan la llamada “licencia social” para que el proyecto reciba luz verde. Pero el gobernador ya se adelantó a firmar compromisos con la empresa, sin oír antes a otros pueblos como la Antigua, Puente Nacional, Apazapan y Jalcomulco.
Y qué no decir de nuestros alcaldes, síndicos y regidores, que en dos meses se llevarán a casa –igual que los diputados salientes-, jugosos sueldos, compensaciones y aguinaldos, sin merecerlo y no obstante la indolencia con que se condujeron en sus respectivos periodos.
También en ese nivel de gobierno, los colores de partidos y las fronteras ideológicas se borran, ante la voracidad de una mediocre clase política, inexperta pero letal para el interés público.
Todavía no nos reponemos del miedo que nos causaron los estilos personales de gobernar de servidores públicos panistas, priístas y perredistas y ya vienen en dos meses nuevas administraciones con iguales o peores prácticas políticas, claro si los ciudadanos nos seguimos dejando. Lo veremos en cuatro años.
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