Arturo Díaz
Desgraciadamente los aficionados que asistimos al béisbol no conocemos las reglas más comunes, gritamos, ofendemos a los jugadores o al umpire, además esos seudo-aficionados nunca han jugado, no saben qué es un pelotazo en las costillas.
Es por eso que ésta carta la dedico a padres de familia, y aficionados al rey de los deportes:
“Carta de un pequeño beisbolista”.
Querido papá:
No sabes cuánto trabajo me ha costado escribirte estas líneas; pero después de los últimos juegos hace ocho días… Creo que he llegado al límite. Me preocupa mucho que la derrota no la sufrí como mía, ni la victoria tampoco.
Creo que esto, se debe a que en el campo no soy yo. Sino el instrumento que ejecuta los actos y movimientos que tú y otros señores quieren que hagamos. No sé porque, de las tribunas e incluso dentro del campo, no más que tocar la pelota y CAEN sobre mí un caudal de gritos de: “tira, suéltala a primera, a home” y cuando voy al bat no se diga, sólo gritos, “a la buena, no la busques, tírale” ¿y qué pasa?, rola al cuadro cuando mejor bateo, y en la mayoría de los casos estoy petrificado viendo pasar a strikes. Te pido papá que me dejes jugar mis mejores partidos, tú ya jugaste los tuyos, y si no lo hiciste, yo no tengo la culpa de tu falta de oportunidad, por favor no me hagas el reflejo de tus frustraciones.
El otro día que veíamos, el béisbol por la tele te enojaste mucho porque un profesional se hizo expulsar por reclamar airadamente al umpire, le llamaste “bandido”; sin embargo tú reclamas al igual que otros señores, todas las decisiones de nuestro umpire e incluso te he oído insultarlos, tan confundido esto que ahora reclamo, no sé si es parte del juego o no, me angustia saber que me puedo quedar sentado por repetir el vicio que veo en los adultos, incluyendo a los de las ligas mayores pero sobre todo a ti.
Por último papá ¿no habría manera que antes del juego me indiques qué debo hacer y al finalizar el partido me señales los errores cometidos, para tratar de corregirlos?
Yo sé que sabes mucho de beisbol, podrías regalarme algo de tu tiempo y enseñarme tus secretos, fuera de los juegos de la liga, en los enfrentamientos.
Todo es para que en el momento de jugar yo me sienta responsable de mis victorias y que me importen mis derrotas, no me quites creatividad, te aseguro que soy capaz de resolver los problemas que los del otro equipo plantean.
De ninguna manera quiero que esta carta te aleje de mí, yo te quiero ver sentado en las tribunas oyéndote a ti y a mamá, “vamos fibra, adelante hijo, o rra rra rra”, así como grandes porras a los dos equipos. Te recuerdo que todos estamos haciendo el mejor esfuerzo para salir victoriosos. Ah, se me olvidaba, no me digas que cambie las cosas que ordena el manager, él es el manager, y si se equivoca, que se equivoque él, no tú.
Terminado quiero compartir mis victorias, y quiero tu consuelo en las derrotas. No es mucho pedirte papá y mamá, solo déjenme ser yo.
Tan claro como el agua, vamos a seguir los consejos de un niño.
Hasta la próxima, seguiremos hablando sólo de béisbol.
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