Adriana Isabel Ronzón Sánchez
Coatepec, Veracruz
Soy Adriana. Tengo 26 años de edad. El 27 de Julio de 2011, Diosito me avisó que enviaría a mi cuidado a un angelito para el próximo año. A mí la noticia no me desagrado, pero tampoco me emociono, y mi vida siguió como si nada. Cuando la doctora me dio la noticia me dio mucha risa, no lo podía creer, creo que esa reacción de mi parte no le gusto a él, porque al día siguiente amanecí con terribles malestares que me llevaron a estar internada en el hospital por varios días. Yo no estaba preocupada por mí, sino por ese angelito que venía en camino, le pedí a Dios "Si a mí me tiene que pasar algo no importa, pero envuelve a mi pequeño en un caparazón que nada pueda penetrar y permite que él se desarrolle como debe de ser hasta el día en que nazca; yo sé que cuando esté afuera habrá mucha gente que lo quiera y lo cuide si yo no estoy".
Pasaron los días y yo salí del hospital, pero los malestares y esa terrible hiperémesis gravídica no me dejaba, vomitaba cada bocado de comida que introducía a mi boca, hasta un sorbo de agua. En sólo una semana perdí 7 kilos, ya nada de mi ropa me quedaba, mi cara estaba demacrada, la sonrisa se había ido de mis labios y mi ánimo estaba por los suelos con una terrible depresión, algo que yo jamás imaginé, porque nunca nadie me había contado que este estado en el que me encontraba fuese así de feo. Un médico maravilloso, me recetó inyecciones mágicas, que sufrí durante 2 semanas, 3 veces al día, pero algo tenía que hacer para no morir de hambre, deshidratada y desnutrida. Eso terminó con la hiperémesis, pero los kilos que perdí no regresaban y mi estado de ánimo no mejoraba. Yo seguía como si nada, sí lo acepté pero nada más. A pesar de todo esto, jamás pasó por mi cabeza el no tenerlo, mis padres siempre me han enseñado a respetar la vida, sólo que no estaba emocionada con la noticia. No es que yo no lo quisiera, simplemente que no estaba en mis planes por el momento, yo esperaba su llegada hasta el año 2015, después de haberme casado y tener un hogar formado, pero seguramente Diosito se dio cuenta de que mi camino se estaba desviando por un lado que no era correcto y mandó a ese angelito a mi vida para que enderezara mi camino.
Desde el día que me enteré de su llegada y junto con él de la llegada de todos esos terribles síntomas, me olvide del billar, de las fiestas, de mis amigos(as), del reggaetón, del baile, de las compras, de los chicos y de todo lo que me hacía feliz, hasta de mi maravillosa independencia. Me pasé prácticamente 2 meses encerrada sin salir porque mi presión bajó mucho; me estaba acostumbrando a sentirme mal todo el tiempo. En mi trabajo no podía concentrarme, me la pasaba horas en el baño vomitando, fue tanto el malestar que mis jefes decidieron mandarme a casa por un tiempo, yo llegue a pensar que quizás les molestaría esto, pero ellos estaban muy contentos con la llegada de mi bebé, y accedieron a darme sólo media jornada de trabajo, pagándome el sueldo completo, además de enviarme con su médico particular; sin ello quizás no habría podido salir adelante.
El 12 de Octubre me entró la curiosidad de ver por primera vez a esa personita que crecía dentro de mí, hice cita en un consultorio y saliendo de trabajar pase, ahí me mostraron a un bebé muy pequeño viviendo dentro de una bolsa de agua que se encontraba en mi pancita, pude ver todo su cuerpo, su corazón latía con mucha fuerza, seguramente porque aunque yo no le hacía caso, él ya se estaba alistando y estaba muy contento de salir al mundo a conocerme. Mi pequeño estiraba sus manitas y sus pies, y entonces por primera vez empecé a sentir sus movimientos en mi pancita, y de repente me entró una emoción enorme y mis ojos se llenaron de lágrimas, no lloré porque no podía dejar de atender lo que estaba viendo, pero salí de ahí con una alegría enorme, algo que hacía meses no sentía, después de no reírme ni sentirme feliz en muchas semanas, regresé a mi casa con una gran sonrisa en los labios y con los ojos llorosos durante casi todo el camino de vuelta.
Algunas personas se enteraron de mi estado debido a mi estancia en el hospital, yo no quise decir nada antes, no porque no quisiera que se enteraran, sino porque tenía miedo de que todo esto no llegara a buen término, debido a la gravedad de mi estado. Ya como a los 6 meses de gestación, todo empezaba a estar mejor, los malestares estaban desapareciendo, mi ánimo volvía a subir al igual que mi presión, y yo había vuelto al trabajo a cumplir con la jornada completa. El único malestar que permaneció todos los nueve meses fueron las agruras y las ganas de ir al baño a cada rato.
Vivía sola cuando me enteré de mi embarazo, una vez que cumplí la mayoría de edad decidí que era hora de independizarme, hablé con mis papás y me fui de la casa, estuve rentando un cuartito en un patio de vecindad al mismo tiempo que me dedicaba a trabajar y a salir de fiesta, mi vida era perfecta según yo, ya no tenía que pedir permiso para salir, ni avisar a nadie en dónde estaba, ni llamar si se me hacía tarde para volver a casa. Llevaba muchos años sin tener un novio, pero en una ocasión un chico me lo propuso y acepté, yo no estaba enamorada, pero me pareció bien tener a un compañero para salir de fiesta. El problema estuvo en que me embaracé a los 3 meses de empezar a salir con él, y ninguno de los dos estábamos totalmente enamorados, de hecho ya habíamos terminado nuestra relación cuando me enteré que tenía 6 semanas de embarazo. No pensaba decirle nada, pero cuando empezaron mis malestares le llamé para informarle, no me sentía bien como para enfrentar todo esto sola, él al recibir la noticia se alegró mucho, jamás imagine que reaccionara así, pero desde ese momento empezó a apoyarme y dijo que estaría junto a nosotros siempre. El problema estaba en que él se había ido a trabajar hasta Ciudad Juárez y en ese momento no se encontraba cerca de mí.
Fui de visita a casa de mis papás un domingo, llegué y me recosté en la cama, le dije a mi mamá que me sentía mal, le dije que estaba embarazada, ella no respondió y en la comida les dio la noticia a todos. Todos se quedaron callados y así terminaron de comer, sin mencionar nada de eso. Sé que no estaban contentos, yo los había decepcionado, porque mi hermana mayor salió de blanco y casada por la iglesia de la casa, cómo era posible que yo me embarazara, si ni siquiera sabían que tenía novio. Ese mismo día volví a mi cuartito, pero me sentía tan mal que al día siguiente me fui al seguro social y de ahí me enviaron en una ambulancia hasta la clínica de Xalapa, me dijeron que no podían enviarme sola, que algún familiar debía acompañarme, pero yo estaba sola, llamé a mamá, a mis hermanas, a mis tías y nadie contestó. De repente suena mi teléfono y como mandada del cielo era mi tía Inés, mi tía más querida, le conté lo que sucedía y en minutos estaba ahí conmigo ya lista en la ambulancia, ella sólo me dijo que no me preocupara, que todo estaría bien, y me abrazó hasta llegar a la clínica. Ahí me pasé todo un día. Cuando salí, mis papás y mi hermana mayor me estaban esperando, mi mamá me dio palabras de aliento y me abrazo muy fuerte, creo que estaba asustada por mi salud y la del bebé que venía en camino, desde ese momento me llevó a su casa y no me han dejado sola nunca.
El parto fue difícil y muy doloroso, cuando mi niño nació yo no lo quise ver, me lo dieron horas después ya cuando estaba en mi cuarto, yo no estaba concentrada en él, sino en el dolor que sentía porque nació vía cesárea, estuve 4 días en el hospital y después de eso regresé a casa con mis papás.
Ya estando en casa me tocaba hacerme cargo de mi bebé, pero no sabía qué hacer ni cómo hacerlo, me sentía muy triste y deprimida, mi cara estaba demacrada y ojerosa, eso me duro por varios meses, y creo que mi bebé lo sentía porque me rechazaba, le gustaba más estar con mi mamá, los primeros días me desvelaba todas las noches, no dejaba de llorar y no se quería dormir, mi madre tenía que levantarse y arrullarlo y sólo así conseguía dormirlo.
Como a los 3 meses empezó a reírse, tomaba en sus manitas los juguetes y a mi empezó a interesarme más estar con él; el ver cómo día a día iba cambiando, me llenaba de alegría, y poco a poco me fui ganando su cariño, el cariño que no acepté cuando llegó al mundo. Ese niño al cual bauticé como Ángel Adrián Durán Ronzón, es ahora el sentido de mi vida, lo es todo para mí. No me importa que todo nuestro dinero se vaya en pañales y leche, que yo no estrene ropa o zapatos, que no salga de fiestas o que no pueda bailar por tener que estarlo cargando, lo único que me importa es que él esté bien. En una ocasión se enfermó, me la pasé sentada con él en brazos toda la noche rogando a Dios que mejorara, y espero nunca más volver a verlo así.
No entiendo cómo es posible que de una semillita que se sembró en mi pancita, ahora haya aquí un hermoso niño que se ha ganado el corazón de toda mi familia y por el cual todos nosotros daríamos la vida con tal de que él esté bien.
Ya jamás volví al cuartito que rentaba, mis papás recogieron mis muebles y los llevaron a su casa. Cuando el papá de mi bebé volvió, se instaló ahí con nosotros y hasta la fecha ahí seguimos viviendo. Mi madre dejó de trabajar y se dedicó a cuidar mi hijo y yo volví a mi empleo. Ha sido complicada la relación con mi pareja porque los dos estábamos acostumbrados a estar solos, pero a pesar de las diferencias que podamos tener en ocasiones, tenemos en común un hijo al que amamos y por el cual lucharemos para sacar adelante a nuestra nueva familia.
Mi vida no ha sido lo mismo desde ese 27 de Julio de 2011, mi vida cambió por completo, fue difícil aceptarlo, pero ahora sé que no cambiaría esto por nada del mundo. Mi niño crece cada día más, ahora ya empieza a caminar, no imagino mi vida sin él, al contrario imagino cómo será la vida de él de ahora en adelante, estoy segura que será una persona de bien. Su papá y yo no nos rendiremos jamás con tal de que él esté siempre bien.
No sé si las chicas entiendan algo de mi historia. Yo a mis hermanas siempre les dije que se cuidaran para no tener un embarazo no planeado, y miren lo que me pasó!!! Cuando empiezan las caricias entre novios y la temperatura comienza a elevarse, no recuerdas todo lo demás. Sólo podría decirles que una vez que la vida se ha sembrado dentro de nosotras, lo mejor es dejar que llegue a buen término; quizás en el momento no nos gusta la idea, pero una vez que lo veamos fuera nuestra perspectiva cambiará por completo, y si no llega a ser así, siempre hay otras opciones como darlo en adopción, pero nada justifica el aborto. Ser madre es una experiencia difícil, pero única y maravillosa.

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