5 de noviembre de 2012
LA INDUSTRIA DEL HUEVO
Verónica Carrillo
Los 245 millones de gallinas criadas para la producción del huevo, conocidas como "gallinas ponedoras" sufren una pesadilla que dura varios años. Una parte considerable de sus picos es cortada con una navaja ardiente sin que les suministre analgésicos. Muchas gallinas, incapaces de comer por el dolor que este procedimiento les ocasiona, mueren de deshidratación y por un sistema inmunológico debilitado. Después de sufrir esta mutilación, las gallinas son hacinadas en jaulas conocidas como “jaulas batería”, que miden 41 x 46 cm., y en ellas son amontonadas hasta once gallinas. Cada una de estas gallinas necesita como mínimo 74 cm. para expandir sus alas, de modo que ni una sola de ellas podrá hacerlo, como lo haría en su hábitat natural. Aún cuando tengan la suerte de vivir en “jaulas humanitarias”, es decir, 5 gallinas por jaula en lugar de 11, pasarán toda su vida confinadas en un espacio equivalente al tamaño de un cajón de escritorio. Este reducido espacio, hace imposible que se muevan y que estiren sus alas.
Las jaulas son apiladas, por lo que los excrementos caen a través de ellas, acumulándose en las jaulas que se encuentran en la parte inferior. El olor a amoníaco y estiércol densifica el ambiente, haciendo muy difícil el respirar. Las condiciones tan poco higiénicas favorecen la propagación de enfermedades en estos inmundos gallineros industriales. Muchas gallinas mueren en estas precarias condiciones, y las supervivientes son forzadas a vivir con gallinas moribundas y con los cadáveres de las que sucumbieron.
Las gallinas muertas permanecen en las jaulas hasta que se pudren, haciendo aun más tormentosa la vida de las que sobreviven. La luz en estos gallineros industriales es manipulada constantemente; en un intento por maximizar el número de huevos que cada gallina pone, los trabajadores deciden no otorgarle alimento a las gallinas hasta por un periodo de catorce días. Esto ocasiona un choque en el metabolismo de las gallinas que induce un nuevo ciclo de empollamiento. Esta cruel práctica ha sido prohibida en varios países europeos.
Los pollos machos carecen de cualquier valor en la industria del huevo. Por ello, cada año millones de pollitos son eliminados y otros millones son lanzados vivos a trituradores.
Después de dos años de vivir en estas inhumanas condiciones, los cuerpos de las gallinas se han debilitado tanto que no pueden seguir poniendo huevos. Entonces son enviadas al matadero. Allí serán colgadas por las patas en una cinta industrial que las conducirá primero a ser degolladas y luego a ser lanzadas a agua hirviendo. Cuando las gallinas ponedoras llegan al matadero, han sido tan maltratadas, que el 29% de ellas tienen huesos fracturados. Sus demacrados cuerpos están tan heridos (moretones, huesos fracturados, malnutridos), que su carne solamente puede ser destinada a la producción de sopas de pollo o de alimento para perros y gatos.
Ayudemos a disminuir el sufrimiento de los animales al no apoyar la industria avícola. Si eres un consumidor frecuente prefiere los huevos orgánicos.
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