Como se esperaba, la elección del domingo 1 de julio fue histórica : regresa el PRI a Los Pinos y con eso regresa la rueda de la democracia en nuestro país pero hacia atrás. Ante eso, los ciudadanos no podemos seguir como espectadores de los acontecimientos, sino actores del México que queremos.
La democracia está en riesgo, cuando millones de jóvenes que votaron por primera o segunda vez en elección presidencial, aprendieron que “el que no tranza, no avanza”, como marca la vieja filosofía del nuevo PRI.
Muchos de ellos vieron a sus vecinos, maestros, familiares, taxistas y servidores públicos operar de manera fraudulenta para comprar millones de votos, como se documentó antes, durante y después de la elección.
La democracia está en riesgo, cuando instituciones como el IFE, la FEPADE y el TRIFE siguen operando bajo sospecha, no obstante que son instituciones caras pero ineficientes a la hora de contar los votos, atender las quejas y resolver con equidad y justicia.
La democracia está en riesgo, cuando por encima de esas instituciones ya se colocaron las televisoras y las empresas encuestadoras, que sin elección de por medio se atreven a decirnos quién va a ganar, claro “maiceadas” por carretadas de dinero conseguido de manera sospechosa e impune.
¿Todo eso es lo que le estamos “enseñando” a los jóvenes?
Afortunadamente, miles o millones de ellos no se quedaron frente al televisor y salieron a las calles para gritar el hartazgo que empiezan a sentir, cuando ven que los adultos se conforman y se rinden. Eso no educa.
Tampoco educa el desempeño y las conductas de la “partidocracia”, pues la juventud ya entendió que los partidos políticos se pelean en público –arrebatándose nuestros votos-, pero en lo oscurito se arreglan y hasta se ponen de acuerdo para legislar en contra del interés público.
Tampoco educan “periodistas”, intelectuales, o líderes de movimientos sociales que reparten besos o se reparten las migajas que les arrojan las televisoras, a cambio de unos minutos en sus pantallas.
Tampoco educa la cobardía, disfrazada de prudencia y menos la censura o autocensura en los medios de comunicación.
Sí educa el movimiento Yo Soy 132, pues como en el 68 y el 71 lo que hoy puede parecer peligroso por irreverente, en el mediano y largo plazo se reconocerá como la nueva semilla para la nueva época.
Sí educa el ejemplo de aquellas personas que, perdidos en la sierra o la barranca, gritan su enojo por el regreso del partido que sólo los utiliza por su condición de pobres.
Sí educa la actitud de las mujeres, que son las primeras en encabezar las marchas y protestas, cuando los varones vacilan o prefieren callar, para no perder las comodidades que el sistema les da.
Si educa el párroco que metiéndose en política, prefiere arriesgarse a ser linchado o expulsado a cerrar los ojos y la boca ante la pobreza y la corrupción que nos lacera a todos.
Todavía es incierto lo que va a pasar en el Tribunal Electoral de la Federación, ante la petición de invalidez de la elección, pero asumiendo que nada se moverá, es posible que México se polarice y que otra vez tengamos un sexenio con signos de mayor hartazgo por la imposición e ingobernabilidad.
Vamos a ver, en el corto plazo, la caída de un enano de la política que, pendenciero, se creía infalible; un partido que no pudo en 12 años vencer y convencer; un modo de gobernar torpe que deja más pobreza, más desempleo y más muertos.
También, vamos a ver a una izquierda peleándose por los puestos entre grupos, grupitos y grupúsculos; cinco ensayos para llegar a la presidencia de la república sin mayores aprendizajes que el de permanecer bajo el paraguas del presupuesto; con incongruencia, corrupción y última llamada a su refundación.
Y vamos a ver, aunque nos pese, el regreso a la cultura de la simulación, la corrupción y la impunidad, tan bien ensayadas y magistralmente institucionalizadas por el PRI, con alianzas perversas en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes de la Unión, para repartirse el botín de los votos.
Si bien Enrique Peña Nieto será un presidente acotado por el Congreso de la Unión, cuestionado por 30 millones de mexicanos que no votaron por él y rechazado por miles o millones de jóvenes del movimiento Yo Soy 132, a partir de diciembre él y su equipo –el PRI y Televisa- gobernarán desde el set de Los Pinos, aunque no será esa otra dulce historia del Canal de la Estrellas. Por el contrario.
Por lo pronto, ya se prepara la Tercera Mega-Marcha Anti EPN, del domingo 22 de julio y se empieza a articular un movimiento nacional que configura una agenda amplia y diversa, que entre muchas otras demandas exigirá nuevas reglas para los medios de comunicación, cambio de estrategia en la lucha contra el narcotráfico, volver los ojos al campo, castigar feminicidios, preservar el medio ambiente, limitar el poder de la líder del SNTE, más presupuesto a salud, educación, ciencia y tecnología, candidaturas ciudadanas y revocación del mandato. Para empezar.
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