21 de octubre de 2009

La Sartén por el mango ¡ Qué Comida!

Verónica Carrillo

Aunque las demandantes jornadas laborales, la falta de tiempo y la lejanía del lugar del trabajo al hogar obligan a recurrir a comida rápida y antojitos, es posible darle un giro a nuestra dieta para evitar sobrepeso y problemas de salud.
Parece que los hábitos alimentarios que sigue la población es herencia imposible de modificar, pero la verdad es que se requiere un poco de constancia e información para hacer que nuestra vida cambie.
Vivimos en ciudades donde los traslados de un lugar a otro ocupan demasiado tiempo. Lamentablemente, la mayoría de las opciones que tenemos se relacionan con restaurantes de comida rápida, menús “ejecutivos” (ensalada, sopa, plato fuerte y postre) y comidas “corridas” (sopa, arroz y plato fuerte), así como puestos callejeros que ofrecen “comidas” insalubres y llenos de grasa.
Somos un país gordo y el panorama empeora. Las últimas cifras oficiales: 70% de los mexicanos tenemos algún grado de sobrepeso, hecho que nos debe hacer reflexionar porque la obesidad es la “madre” de muchas enfermedades crónicas (de larga duración) que minan nuestra salud... y nuestro bolsillo.
Sí es posible comer sano fuera de casa a pesar de que en los últimos años se han modificado mucho nuestros hábitos alimenticios.
Cada vez son más los establecimientos que ofrecen comida saludable a buen precio. Cierto, no están a la vuelta de la esquina; por ello hay que ser perseverante y, si no existe el lugar ideal, debemos buscar alguno que se le acerque. Asimismo, quizá la cantidad de vegetales que ofrecen en estos restaurantes es mínima, pero siempre existe la posibilidad de solicitar permiso para poner sobre la mesa la guarnición que traigamos de casa (un buen consejo es decir que se padece alguna enfermedad cardiaca y que la dieta que debe seguir es sumamente estricta).
Cargar con dicho complemento no es difícil: podemos preparar ensalada de vegetales la noche anterior, transportarla en un recipiente de plástico y, en el momento de comerla, agregarle nueces o almendras, así como una manzana o pera en finas rebanadas, junto con el aderezo de nuestra preferencia. Algo más sencillo son pepinos, zanahorias y jícama, que pueden operar como excelentes colaciones cuando se antoja consumir algo entre comidas.
Las personas que no quieren cambiar su rutina alimenticia encuentran pretextos para toda ocasión: el carácter del jefe, estrés, falta de dinero, lo “mal que se ve” al llevar un recipiente a la oficina, lo complicado de cargar portaviandas o falta de horno de microondas para calentar el alimento.
Para ayudarnos en esto, hay lugares donde venden platillos con más vegetales, pero si no tenemos la suerte de encontrar alguno y estamos todo el día en la calle, es mejor entrar a una tienda, comprar queso panela y jamón de pavo, y prepararnos un sándwich. Al llegar a casa podemos complementar la comida con verduras o frutas y, por la noche, comer algo ligero.
Debemos evitar aquellos alimentos grasosos, como hamburguesas, pizzas y antojitos, así como productos “chatarra” (pastelillos y frituras); lo que debemos recuperar de la dieta cotidiana es la cantidad correcta de tortilla y pan, y preferir el bolillo integral, que efectivamente nos nutre. Es importante tener tres comidas al día o, en su defecto, cinco con pequeñas cantidades. Además, hay que consumir mucha agua porque el líquido nos fortalece y ayuda a los riñones a funcionar adecuadamente.
Se sabe que uno de los hábitos más frecuentes para tratar de mantener la línea consiste en seguir la dieta que le funcionó a algún amigo o familiar, lo cual es incorrecto porque cada régimen alimenticio debe ser instaurado por un especialista en la materia, tomando en cuenta el peso, talla, hábitos alimenticios y forma de vida específicos del paciente. Así, no es lo mismo idear el plan para una persona que pasa mucho tiempo fuera de casa, que otro para quien puede comer cotidianamente en su hogar.
En principio, durante la mañana niños y jóvenes pueden consumir licuado de fruta, o bien, hecho con polvo de chocolate o fresa, además de 1 ó 2 huevos y pequeña ración de pan. Por su parte, los adultos pueden tomar café o té, junto con un sándwich de pechuga de pavo; si lo prefieren, pueden optar por una ración de cereal integral con medio vaso de leche y una fruta.
Lo ideal, es complementar el menú con ensalada de vegetales (una taza para niños y dos para adultos).
Por la tarde es recomendable comer sopa de vegetales que puede acompañarse con una porción de arroz al vapor (integral es mejor); en cuanto a carne, debemos consumir la cantidad que nos quepa en la palma de la mano, y repetir la dosis de verduras o vegetales (una taza para niños y dos para jóvenes y adultos), sin olvidar la importancia de incluir una fruta.
En la cena se puede comer queso panela o atún en un sándwich (es buen truco partir una rebanada en dos, porque de esta manera se tiende a pensar que se come más). Hay quien prefiere, una taza de cereal integral con leche, y está bien, siempre y cuando se acompañe con fruta. Los chicos pueden volver a tomar licuado de chocolate.
Como ejemplo de la efectividad de dicho plan, les puedo asegurar que se van a sorprender de lo bien que se van a sentir, porque siempre ven vegetales y frutas en las tres comidas; y no se explicarán por qué bajan de peso si están consumiendo más de lo acostumbrado, pero lo que hacemos es incluir todo aquello que no ingieren regularmente.

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