Biol. Vicenta Muñoz
EL MAIZ en nuestro país es el sustento alimenticio de pobres y ricos, aunque a veces se considera que sólo lo comen los más pobres, por carecer de recursos económicos para alimentarse con lujos, pero no olvidemos que son las manos de los pobres las que han cultivado generaciones tras generaciones EL MAIZ, y que es gracias a ellos que en la mesa del más rico se pueden probar grandes variedades de productos derivados del maíz, como: tamales, atoles, palomitas, gorditas, tortillas, etc. Además hay que mencionar la gran diversidad de productos que se elaboran con las hojas del totomoxtle y las utilidades del tallo de la milpa y el funcionamiento de ésta en nuestro ecosistema.
La semilla del MAIZ tiene tantas bondades, como la adaptación al clima de nuestro país así como la resistencia a las plagas, pero sobre todo cuenta con características especiales para su producción y consumo, lo cual la hace ser una semilla de calidad. Desafortunadamente la crisis en el campo ha orillado a los campesinos a abandonar este cultivo por tener que emigrar a otras partes para su sustento. A esto se agrega la necedad del gobierno de introducir en el campo semillas mejoradas como una aparente ayuda al sector agrícola, pero lo único que ha conllevado es el aumento de costos para la producción de nuestro MAIZ, pues no se conoce en realidad de la farsa que existe detrás de estas variedades.
Hay una gran tradición en el cultivo de los campesinos mexicanos que radica en que el manejo de las semillas de MAIZ incluye la utilización de semillas guardadas de la última cosecha u obtenidas de familiares o amigos. Esto contribuye a introducir nueva diversidad genética al sistema, proporcionando de esta manera rasgos que los agricultores consideran importantes, por ejemplo: rendimiento, facilidad de manejo y sabor. Muchos agricultores mantienen diversas variedades locales del maíz dentro de un mismo sistema de cultivo. Esta es una manera de lidiar con el estrés y los altos riesgos que implica la producción agrícola en ambientes marginales.
Debemos seguir teniendo confianza en el intercambio de las semillas con quienes conocemos, pues son intercambios que forman parte de la cultura para la conservación de nuestro MAIZ, además de fomentar la convivencia familiar.
Es un problema el reemplazo de nuestras semillas por semillas extranjeras o genéticamente modificadas, pues la llevamos a nuestra mesa y las consumimos. Pensemos si estamos haciendo bien en aceptar la producción de ETANOL por obtener mayor recursos económicos. Debemos considerar que como mexicanos estamos perdiendo nuestra identidad, nuestra razón de ser. Si nosotros no luchamos por proteger una de las tantas riquezas de nuestro país, de nuestros abuelos, de nosotros mismo. Si nosotros no luchamos por proteger nuestro campo, por recuperar nuestra cultura del cultivo del maíz, mañana ya no seremos mexicanos y nos daremos cuenta cuánto valor representa una milpa en nuestro campo, valoraremos que lo que hoy nos facilita la vida vale mucho menos que el conocimiento de nuestros ancestros. Bien dice el dicho: “nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”.
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