¿ Pan y Circo?
Bajo el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, los ayuntamientos veracruzanos continúan desvirtuando el carácter religioso de nuestras fiestas patronales, incluso por la omisión o indolencia de párrocos y arzobispos.
Con el cuento de que el turismo deja derrama económica y crea empleos, la Coordinación de Juntas de Mejoras del Gobierno del Estado, en complicidad con alcaldes y tesoreros, asociados muchas veces a empresas cerveceras, taurinas y de espectáculos, utilizan cada fiesta patronal para llenarse los bolsillos sin rendirle cuentas a nadie.
Empleados menores y colaboradores cercanos de los presidentes municipales se convierten de la noche a la mañana en empresarios o actúan como prestanombres para montar espectáculos de segunda o tercera categoría, vender licor y cerveza, promover a candidatos de bajo perfil o incluso para quedar bien con funcionarios dizque de alto nivel.
Sin que les importe un comino, el resultado es el mismo de siempre: riñas y borracheras por todas partes, abusos, espectáculos taurinos sangrientos, ruido, basura, caos vial, derroche de dinero público tirando la casa por la ventana.
Esa fauna de servidores públicos mancha la tradición de cada pueblo de manera impune, pues lamentablemente curas y arzobispo se limitan a suministrar los sacramentos en razón del volumen de las limosnas o quizá por inexplicable conveniencia.
Hace falta que los ciudadanos asuman ya su papel de soberanos para limitar los excesos de mañosos servidores públicos y hace falta también que La Iglesia (no limitada a ministros o templos, sino entendida como comunidad) recupere lo que es suyo en la fe y la tradición, para no ser parte del pan y circo de cada año.
De lo contrario, fiestas como la de San Jerónimo en Coatepec, La Magdalena en Xico, Los Santos Reyes en Ixhuacán, La Candelaria en Cosautlán y la Asunción de Nuestra Señora en Teocelo, perderán su identidad y terminarán siendo administradas por gente ajena a nuestros pueblos, o acaso como pretexto para la nota roja de diarios estatales.
Tenemos derecho a saber quiénes se están adueñando de nuestras festividades y bajo qué criterios o tipo de reglamentación, pasando por alto al comercio local y prestadores de servicios honestos, llegan a invertir a nuestras poblaciones con sospechosa facilidad otorgada por ediles y demás servidores públicos, sin dejar ganancia alguna o empleo para la comunidad, como tanto se pregona.
Convertidas estas fiestas patronales en grotescos espectáculos carnavalescos, cada vez más descarnados –por los ríos de sangre y licor que corren-, deben ser ya motivo de debate y confrontación a nivel familiar y comunitario para reorientar lo que hace años le dio prestigio y autenticidad a nuestros pueblos. Que no nos ganen el comercialismo ramplón y mucho menos el apetito de los políticos chafas lo que en justicia nos pertenece.
Bajo el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, los ayuntamientos veracruzanos continúan desvirtuando el carácter religioso de nuestras fiestas patronales, incluso por la omisión o indolencia de párrocos y arzobispos.
Con el cuento de que el turismo deja derrama económica y crea empleos, la Coordinación de Juntas de Mejoras del Gobierno del Estado, en complicidad con alcaldes y tesoreros, asociados muchas veces a empresas cerveceras, taurinas y de espectáculos, utilizan cada fiesta patronal para llenarse los bolsillos sin rendirle cuentas a nadie.
Empleados menores y colaboradores cercanos de los presidentes municipales se convierten de la noche a la mañana en empresarios o actúan como prestanombres para montar espectáculos de segunda o tercera categoría, vender licor y cerveza, promover a candidatos de bajo perfil o incluso para quedar bien con funcionarios dizque de alto nivel.
Sin que les importe un comino, el resultado es el mismo de siempre: riñas y borracheras por todas partes, abusos, espectáculos taurinos sangrientos, ruido, basura, caos vial, derroche de dinero público tirando la casa por la ventana.
Esa fauna de servidores públicos mancha la tradición de cada pueblo de manera impune, pues lamentablemente curas y arzobispo se limitan a suministrar los sacramentos en razón del volumen de las limosnas o quizá por inexplicable conveniencia.
Hace falta que los ciudadanos asuman ya su papel de soberanos para limitar los excesos de mañosos servidores públicos y hace falta también que La Iglesia (no limitada a ministros o templos, sino entendida como comunidad) recupere lo que es suyo en la fe y la tradición, para no ser parte del pan y circo de cada año.
De lo contrario, fiestas como la de San Jerónimo en Coatepec, La Magdalena en Xico, Los Santos Reyes en Ixhuacán, La Candelaria en Cosautlán y la Asunción de Nuestra Señora en Teocelo, perderán su identidad y terminarán siendo administradas por gente ajena a nuestros pueblos, o acaso como pretexto para la nota roja de diarios estatales.
Tenemos derecho a saber quiénes se están adueñando de nuestras festividades y bajo qué criterios o tipo de reglamentación, pasando por alto al comercio local y prestadores de servicios honestos, llegan a invertir a nuestras poblaciones con sospechosa facilidad otorgada por ediles y demás servidores públicos, sin dejar ganancia alguna o empleo para la comunidad, como tanto se pregona.
Convertidas estas fiestas patronales en grotescos espectáculos carnavalescos, cada vez más descarnados –por los ríos de sangre y licor que corren-, deben ser ya motivo de debate y confrontación a nivel familiar y comunitario para reorientar lo que hace años le dio prestigio y autenticidad a nuestros pueblos. Que no nos ganen el comercialismo ramplón y mucho menos el apetito de los políticos chafas lo que en justicia nos pertenece.
1 comentario:
IGNORO QUIEN HAYA ESCRITO ESTA NOTA PERO VAYA UNA SINCERA FELICITACIÓN AL AUTOR. ESTÁ MUY BUENA.
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