19 de julio de 2009

La Naranja, auge y declive regional

Enrique Piedra

“Salí de Teocelo a la edad de 4 años porque me fui a vivir con mis tíos a Veracruz. Con ellos me críe. Después se fue mi hermana. Ahí hice mis estudios. Desde niña me encantaba peinar a mis muñecas, siempre andaba con el peine en la mano. Empecé cortándole el cabello a mi familia, después me buscaba más gente, aunque no tenía preparación, pero me acuerdo que el papá de don Tino, tenía su peluquería en la esquina de la calle Morelos, por le mercado, y él me prestaba la capita, tijeras, la brochita para sacudir el cabello, y en una silla en mi casa, en Independencia Oriente, empecé a cortar el cabello, tenía como 14 ó 15 años cuando empecé a hacer mis pininos, sólo a ratos, porque a Teocelo únicamente venía en vacaciones
En Veracruz entré a una academia de belleza muy sencilla, pero como mi tío trabajaba en la aduana, lo mandaron a México y nos fuimos a vivir allá un año. Después regresamos a Veracruz y aprendí a bordar litografía en camisas, pañuelos y calcetines. Antes se usaba todo eso, también aprendía a coser medias. Después nos fuimos a vivir a Laredo Texas, ahí había una academia mucho mejor donde me enseñaron lo de belleza. Cuando me recibí me compraron todo mi equipo: secadora, máquina de permanente, de vapor y frío, etc. En Laredo me pusieron mi salón con todo el equipo, ahí trabajé mucho. Después me vine definitivamente a vivir a Teocelo y empecé a trabajar en mi salón de belleza en la calle de Independencia Poniente, donde ahora vive Sarita Carrera.
Cuando me casé puse mi estética en la calle de 20 de noviembre. Mi esposo era peluquero, entonces dividimos la casa; en un espacio tenía mi salón yo y en el otro lado tenía mi esposo su peluquería. Aprendió porque trabajaba con el papá de don tino. Él le cortaba el cabello a los hombres y yo a las mujeres, estaba dividido con una cortina de plástico. Yo me cortaba el cabello sola, con un espejo atrás, también se lo cortaba a mi hija y mi esposo a mi hijo.
Cuando más trabajo tenía era en las fiestas patronales porque se acostumbraba que las mujeres se fueran a peinar o a enchinar. En los festivales escolares también tenía mucho trabajo porque me mandaban a las niñas, por ejemplo, recuerdo que peinaba a la Mtra. Cristina y a su hermana, me las mandaba doña Gloria, les hacía rizos. En el colegio de religiosas, me buscaban y yo les cortaba el cabello a todas las internas, cada una a su gusto. Me tocó la época de la madre Águeda.
Tenía clientas de todas las congregaciones de Teocelo. Lo que más me pedían y me gustaba hacer eran permanentes, cortes de pelo y manicure; lo que menos me gustaba era poner los tintes, porque nunca me acostumbré trabajar con guantes. También hacía peinados altos, chongos, crepé, peinados rellenos de cabello, copetones, la cebolla, pero va cambiando la época y la moda. Usaba tijera, una vasijita de cristal para poner líquidos porque no se puede usar plástico, tijeritas para el manicure, bisturí, otra vasijita para remojar las uñas, anchoas porque no había tubos, unas se ponían para adelante y otras para atrás, en toda la cabeza. Tenía revistas de peinados y ahí me guiaba. También iba a las casas a trabajar. . Hice mucha amistad.
Después vinieron los tubos y los ponían en la máquina secadora y de los permanentes. Aún conservo la mayoría de mis cosas, aunque ya no sirven.
Yo fui la primera estilista de Teocelo. Recuerdo que los cortes de pelo costaban $3.50 y los permanentes $15. En aquella época era menos común que las mujeres trabajaran. Trabajé hasta que mi tía con la que me críe se enfermó porque me fui a cuidarla, le dio embolia y entonces me retiré de trabajar, fue como a los 50 años. Trabajé como 35 años de estilista”.
Reconocemos a doña Tere como una mujer emprendedora en su época y le deseamos una pronta recuperación.

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