Verónica Carrillo
Es muy frecuente escuchar afirmaciones como: “…hoy no tuve tiempo de desayunar”; “…es que casi nunca desayuno“; “Yo, tengo la costumbre de no desayunar”; “…temprano…no me da hambre”…
Muchas personas no se desayunan. El desayuno es uno de los momentos más importantes del día, ya que por la mañana, después del ayuno de toda la noche, el cuerpo necesita mucha energía que debe ser tomada de los alimentos matutinos. Quienes no se desayunan se desgastan y se deterioran más rápido que aquellos que si lo hacen.
El ritmo acelerado de nuestras vidas nos ha orillado a no dar prioridad a nuestros alimentos. Comemos tan de prisa que ni nos saben. Con frecuencia pensamos en alimentos poco saludables, no hay tiempo para prepararlos o no sabemos qué comer.
Es importante: la comida tiene un papel determinante en nuestra vida. De lo que comemos depende la forma en que funcionamos. De la calidad de los alimentos que ingerimos depende la forma en que vivimos y la calidad de vida que tenemos.
Si la alimentación es muy importante para nuestra vida ¿por qué no comemos adecuadamente?
El tiempo nunca nos alcanza, pero también vivimos mal organizados, a veces no consideramos un tiempo para comer o comemos demasiado rápido.
Desconocemos la calidad de los alimentos y probablemente no nos interese informarnos.
La influencia de la publicidad, comemos lo que se anuncia, saturados de información donde lo más importante es el sabor y la apariencia que poco nos dicen del valor nutritivo de los alimentos.
Hemos importado hábitos que han incidido en el tipo de enfermedades que padecemos, pues vemos que se han incrementado problemas de salud como diabetes, obesidad y enfermedades del corazón.
Consumimos alimentos de fácil preparación, pero de escaso valor nutricional.
Le damos prioridad al precio de la comida más que a la nutrición.
Muchas veces queremos saciar nuestro apetito con lo primero que aparece.
A veces comer de más es una respuesta al estrés o a los problemas cotidianos.
Queremos evitar subir de peso y creemos que comiendo sólo una o dos veces al día nos servirá. El sobrepeso es una de las mayores preocupaciones que pueden conducirnos a tomar decisiones equivocadas. La solución no está en quedarnos sin comer, ni siquiera en llevar dietas de hambre o milagrosas, sino en reeducarnos para elegir mejores alimentos y modificar algunos de nuestros hábitos de alimentación.
La inadecuada nutrición es un problema que ha estado pasando inadvertido y los sectores más afectados son los niños, las mujeres y los ancianos.
En los niños que son mal alimentados encontramos una manifestación de este problema en el bajo rendimiento escolar, en ciertas actitudes de introversión y en la presencia de obesidad. Todo niño entre 6 y 15 años que manifieste problemas en su conducta o en su aprovechamiento escolar es recomendable someterlo a una evaluación de su estado de nutrición, entre otras cosas.
Cada vez nos parece más natural encontrarnos en las aulas escolares a niños "gorditos", quienes incluso nos parecen graciosos, pero no consideramos que entre más tiempo sean gorditos tendrán mayores problemas de salud y menor calidad en su vida adulta. La obesidad infantil es un problema de salud pública que debe ser atendido por los padres, pues los hábitos alimentarios de los niños son creados en casa.
No sólo debemos pensar en satisfacer nuestro apetito, es necesario que los alimentos nos aporten los nutrimentos necesarios para crecer, en el caso de los niños y adolescentes; movernos, pensar, aprender, trabajar y evitar enfermedades en cualquier edad.
Unos sencillos consejos para hacer de nuestra alimentación una fuente de bienestar y salud:
Llevar una agenda o listado de las actividades diarias, poner un horario a cada una de ellas y marcar con un color diferente el tiempo que se dedique a tomar los alimentos.
Ingerir alimentos al menos tres veces al día, esto no quiere decir que debemos comer mucho, sólo lo que el cuerpo necesita, es importante no tener periodos de ayuno mayores de 10 horas.
Ingerir diariamente de tres a cuatro frutas y comer al menos un plato de verduras crudas o cocidas.
Comer carne o pollo dos o tres veces por semana; el pescado es más recomendable. Al pollo siempre quitarle la piel.
Iniciar y/o terminar el día consumiendo cereales (de preferencia integrales no industrializados), son una excelente fuente de vitaminas, minerales y fibra.
Tomar agua, que nos ayudará a ir al baño sin problemas.
Los alimentos lácteos deben formar poca parte de nuestra dieta, consumir aquellos con menor contenido de grasa.
No olvidar las leguminosas, además del frijol, como chícharos, habas, alubias, alberjón, soya, lenteja y garbanzo.
El arroz, los frijoles, las tortillas y la salsa fresca preparada en casa son la base de una adecuada alimentación.
Consuma el huevo dos o tres veces por semana, y no más de dos al día.
Para tener un peso saludable, la mejor dieta es aquella que puede llevarse toda la vida.
¡Caminemos! Lo recomendable es un paseo de al menos 30 minutos por día, la actividad física contribuye a estar saludable, previene de muchas enfermedades y nuestro corazón lo agradecerá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario