Verónica Carrillo
Han de saber que siempre que su bebé este alimentado con leche materna, no necesita incorporar alimentos sólidos antes del sexto mes de vida. Esto se debe a que su sistema digestivo no tiene la maduración necesaria para digerir alimentos elaborados y entonces su mucosa intestinal puede verse dañada generando dolencias o enfermedades.
La ablactación es el proceso mediante el cual se incorpora lenta y paulatina los alimentos semisólidos en la dieta de un niño. Esto es a partir del 6º mes de vida.
Se deben introducir diferentes alimentos que nos aseguren el correcto desarrollo y buen estado de salud del bebé. Es importante señalar que no se debe eliminar la leche materna mientras se incorporan estos nuevos alimentos.
La importancia de la ablactación es muy importante porque adquirir en el primer año de vida hábitos alimenticios sanos y equilibrados, le ayudarán al bebé a llevar una dieta saludable en los años que sigan.
Con respecto a las formas y maneras de preparar los alimentos, es conveniente tener en cuenta que los niños aprenden a diferenciar los distintos sabores de los alimentos durante la ablactación, por lo tanto no es conveniente condimentar las preparaciones. De esta manera reconocerán los aromas y sabores neutros y puros de cada alimento.
Las reglas básicas para una buena ablactación son:
Seleccionar alimentos frescos y de buena calidad.
La higiene es fundamental. La persona encargada de preparar los alimentos, como los utensilios que intervienen en dicha elaboración deben tener una perfecta higiene.
Incorporar el alimento de manera lenta, observando la tolerancia del bebé hacia el mismo, esperar un par de días antes de incorporar otro diferente.
A los 6 meses: frutas; a los 7 meses: vegetales y cereales; a los 8 meses: pollo, pavo y leguminosas; a los 9 meses: carnes rojas; a los 10 meses: integración a la dieta familiar (evitar chocolate, alimentos enlatados, fresas, pescados, mariscos, cacahuates, nueces y cítricos) a los 12 meses lácteos y cítricos; a los 18 meses huevo cocido (nunca tibio o crudo) y pescado.
El método de cocción más adecuado es al vapor, puesto que no irrita la mucosa intestinal del bebé. Si no es posible, se pueden hervir en poca agua. El agua de cocción puede aprovecharse para demás preparaciones (purés y papillas).
No exagerar la cocción, así aprovechamos la mayor cantidad posible de nutrientes.
No agregar sal, azúcar ni miel a ninguna preparación durante el primer año de vida.
La temperatura de la comida y alimentos debe ser templada.
La actitud al dar la comida debe ser de suavidad y paciencia. Se debe respetar el tiempo de aprendizaje y evolución del bebé. Evitar agobios y agresividad aunque la mejor intención sea nutrirlo, logrando de esta manera que su primera experiencia con la comida sea agradable y placentera.
Limpiar los dientes del bebé con una gasa húmeda o un cepillo para bebés al menos antes de ir a dormir para así evitar la aparición de caries a temprana edad. Asímismo se recomienda limpiar las encías y la lengua del bebé luego de cada comida para que goce de una buena salud oral.
Para concluir, debemos entender que un bebé gordito no es sinónimo de salud. Tanto el peso como la estatura deben estar controlados siempre por el pediatra, y es él quien le dirá si su bebé está sano.
No se recomienda caer en una sobrealimentación, forzando al bebé a comer, o bien utilizar la comida como recompensa. Si hacemos esto el niño podrá padecer trastornos de alimentación en su futuro. Establecer los horarios de comida cada día, educará a los hijos de manera sana y positiva al momento de comer.
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