16 de enero de 2009

Isabel Hernández Olmos (doña Chave) (EPD). Vivió a lo largo de tres siglos.


Por: Beatriz Mora


Además de conocer sobre las personas que le dan vida a la región, otra de las riquezas de la sección radiofónica del Personaje Popular, es que, a pesar de que los entrevistados ya fallecieron, podemos rescatar, compartir y aprender de su testimonio. Tuvimos la oportunidad de platicar con doña Isabel Hernández Olmos (doña Chave), quien a pesar de no recordar con exactitud su edad, sabía que tenía entre 103 y 105 años, de modo que vivó a lo largo de 3 siglos: a finales del siglo XIX, en el siglo XX y a principios del siglo XXI.

Aquí su testimonio: “Nací en Isla Grande, pero cuando llegaron los carrancistas sufrimos mucho pues echaron a la gente para Teocelo, pero como mi papá era sembrador no quiso salirse de su tierra, porque tenía de todo: plátanos, yuca, camote, calabazas, gallinas, pollos, cerdos, y un trapiche de caña de azúcar; por no querer dejar sus tierras los trajeron presos a él y mis hermanos a Teocelo, yo tenía 14 años. Nos maltrataron, se comieron toda nuestra comida, nos quitaron las tierras, echaban tiros e incendiaron las casas, todo porque andaban buscando a los zapatistas. Fue ahí que perdí mi fe de bautizo, entre otras cosas.

En ese momento éramos 4 hermanos, en Teocelo nacieron otros 6. Cuando llegamos a Teocelo nos regalaron ropa, vivimos con una tía por la maquinaria. En aquel entonces, la gente de Teocelo era muy pacífica. Me contó una señora que vivió 120 años que para construir la bóveda de atrás de la Iglesia, donde está el altar mayor, acarreaban piedras de Texolo. Las calles eran de calzada, y sólo la de Abasolo ha conservado su nombre, las demás ya cambiaron. También recuerdo el tren “piojito”, me daba miedo pasar por Texolo, sólo iba a Coatepec, cobraban 25 centavos, íbamos a la fiesta de San Jerónimo; también había una autovía que la ocupábamos para ir al doctor porque era más rápido.

Aún tengo memoria del terremoto de 1920, fue a media noche, había llovizna, se decía que ese día habría un eclipse de luna, pero lo que pasó fue el terremoto, después quedó todo en oscuridad, nadie durmió esa noche, vino Rafael Guízar y Valencia a socorrer a la gente, hubo muchos muertos y grandes pérdidas.

El hermano del padre Pepito fue sacerdote en Teocelo 50 años, por los problemas de la revolución se andaba escondiendo por Cosautlán, hasta que decidió irse a México. Como mi mamá se llevaba mucho con su familia, el padre le pidió que le mandara a una de sus hijas para hacerle la comida, y me fui yo por ser la mayor, estuve 7 años. Allá me enseñaron a leer. Le cocinaba arroz blanco con ajo quemado, huevos estrellados de pura gallina ranchera, mole y dulce de frutas, que su hermana le preparaba, ella era maestra, enseñaba a escondidas. Íbamos a la villa, era puro monte, sólo estaba la capillita y un pozo, había panteones de lado y lado. También íbamos al cine, vi la película del diluvio. El padre hacía las misas a escondidas porque Álvaro Obregón cerraba las iglesias, al final echaron a las monjas. Me regresé a Teocelo porque mi mamá quería verme, me casé y tuve 7 hijos”.

Doña Chave también fue curandera, nos sorprendió ver cómo a sus más de 100 años de vida, seguía leyendo y sin necesidad de lentes. Nos comentó que su buen estado se debía a la sana alimentación de su época. En paz descanse.

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