19 de noviembre de 2008

Vacunación contra el virus del papiloma humano, ¿una acertada política de salud pública?

Por: Verónica Carrillo

Sí, me preocupa la noticia de que “el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon, puso en marcha este lunes 10 de noviembre, el Programa de Vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) –principal causa del cáncer cérvico-uterino-, el cual se aplicará a niñas de entre 11 y 13 años”.

Es bien cierto que es obligación de los gobiernos implementar políticas públicas encaminadas a prevenir y curar enfermedades, sin embargo hay que diseñarlas y planearlas de acuerdo a las necesidades reales, que partan de diagnósticos certeros. Cabe mencionar que la aplicación de esta vacuna ha sido altamente cuestionada por especialistas de Europa, Canadá y Estados Unidos, así como por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los invito a reflexionar sobre el objetivo de esta decisión de política de salud pública.

Una medida populista. Han preferido “darle al pueblo lo que (cree) que quiere,”antes que informar a la población sobre las ventajas y desventajas de la aplicación de la vacuna, así como de la polémica que se ha desatado a nivel mundial por las posibles repercusiones que pueda tener a raíz de su aplicación. Las ventajas políticas son inobjetables por un lado le da muchas ganancias a los empresarios farmacéuticos y por otro, hace creer al pueblo de los largos alcances de esta política. Lo que se convertirá en muchos votos para las elecciones venideras. Especialistas en el tema señalan que “hay indicios de que se trata de "inventar" una pandemia para favorecer a las farmacéuticas que patentan la vacuna”. Las empresas farmacéuticas las desarrollan, pero esperan una -¿excesiva?- ganancia de ello.

Cuestionables beneficios económicos. Las vacunas son la forma más barata de prevenir enfermedades. El mejor ejemplo de una vacuna exitosa es la erradicación de la viruela. El sarampión y el tétanos, antes de que se aplicaran vacunas generalizadas, eran enfermedades muy frecuentes. Uno de los requisitos que debe tener una vacuna para ser implantada en nuestro esquema de vacunas es que la enfermedad que combata sea lo suficientemente frecuente en la población y por consiguiente abata los costos en el tratamiento del padecimiento. Pero en este caso, la inversión no abate los costos porque el diagnóstico citológico conocido como el Papanicolao no será sustituido. Esto es, que a pesar de que se aplique la vacuna, el examen del Papanicolao seguirá siendo la única posibilidad de detectar el cáncer cérvico-uterino, lo que indica que no hay certeza de la efectividad de la vacuna. En cambio si hay certeza de que se van a gastar 100 millones de pesos por las 105 mil dosis.

La OMS recomienda “proceder a la vigilancia para detectar posibles efectos adversos, infrecuentes e inesperados, porque en general falta información de buena calidad sobre las diversas enfermedades antes de la introducción generalizada de la vacuna contra el VPH en el grupo de edad destinatario (es decir personas de 9 a 26 años de edad)”. La preocupación es porque en caso de que la vacuna tenga efectos adversos estará dañando a futuras madres y sus crías.

La vacuna es la primera que se refiere a una conducta personal sexual. La vacunación contra el VPH reconoce, de hecho, que la promiscuidad sexual es la norma, no la excepción. No se ha valorado en qué forma afectará a la percepción del riesgo en los adolescentes de ambos sexos y en las distintas formas de sexualidad humana. ¿No será que se esté enviando mensajes erróneos a los niños y adolescentes como que el sexo es algo inocente, divertido y sin consecuencias y esto hace aumentar el número de contactos, lo que matemáticamente hace aumentar las probabilidades de infección?

Hace ya unos años que frente a las enfermedades de transmisión sexual la OMS recomienda combatir estas enfermedades con el orden del ABC: abstinencia, fidelidad, condón.

Sería mejor que los padres y madres nos enterásemos bien de la verdad de las enfermedades de transmisión sexual. Debiéramos tratar estos temas con confianza con nuestros hijos. Nuestra responsabilidad es damos cuenta de que se trata de enfermedades evitables si se cambia de hábitos de vida.

Conviene ser cautos y prudentes con las nuevas vacunas, para no perder el tesoro sanitario que representan. Si las autoridades políticas introducen la vacunación, conviene que los profesionales y la población conozcan sus beneficios y riesgos.

1 comentario:

Adriana del Moral dijo...

Me gustó una parte de su artículo, aunque en otros puntos disiento. Creo que en efecto, estas vacunas son más un negocio que una política de salud pública. Sin embargo, papiloma no es sinónimo de promiscuidad sexual y no debemos asociar ambos términos. Conozco mujeres monógamas de más de 70 años que se casaron vírgenes y tienen lesiones cervicouterinas por virus del papiloma. A lo que voy es a que ocurre como con el vih: la monogamia no necesariamente te protege. Y, en el caso del virus del papiloma (vph) existen formas de contagio no sexuales.
Por otra parte, la vacuna sólo protege contra los virus que se han detectado como más agresivos (cuando existen unas cien variedades) y que por tanto son los que más derivan en cáncer. Pero se puede se portador del virus sin tener nunca cáncer. Investigaciones médicas actuales dicen que la relación cáncer-virus del papiloma debe contemplar como factor importante el estado del sistema inmunitario (defensas) de la mujer. Es decir, hay factores como la alimentación y calidad de vida que hacen a la gente más propensa a tener cáncer cervico uterino. Y con eso vuelvo al principio: la política de salud pública actual raramente se concentra en la prevención. Porque la verdadera prevención en este caso implicaría mejorar la educación sexual y la calidad de vida de la población.