Por: Matusalem Martínez Andrade
Hace unos días se vivió en Monte Blanco un suceso nunca antes visto. Amenazas hechas por llamadas telefónicas o anónimos hechos en papel que llegaban a las casas de algunas personas, alteraron la tranquilidad que esta comunidad vivía.
Versiones por aquí y versiones por allá, mencionando que los malvivientes andaban detrás de las casas, hicieron que el pueblo levantara la mano para defender su derecho a vivir tranquilamente.
Se hicieron reuniones donde, desde un punto de vista muy particular, las resoluciones se tomaron de manera muy precipitada, como por ejemplo negar el acceso a estudiantes de Teocelo a la Telesecundaria de Monte Blanco; o decir que los repartidores de tortillas podrían ser los mensajeros de estos anónimos, por lo que debería negárseles la entrada al pueblo; e incluso la suspensión misma del desfile del 20 de noviembre.
Es aplaudible la unificación de toda esta gente, que sin pensarlo acudió al llamado de apoyo de las personas amenazadas, y que sintiéndose descobijadas por nuestras autoridades, acudieron al pueblo para solicitar apoyo del mismo.
Pero también es decepcionante la postura de nuestra autoridades municipales, cuando por un lado minimizan el problema, diciendo que no hay de qué preocuparse y por otro lado se declaran incompetentes por no tener el personal adecuado para enfrentarlo.
Para un servidor, aquí está el verdadero meollo del asunto : sean de Teocelo o de Monte Blanco los delincuentes, debemos exigir a nuestras autoridades mayor seguridad y responsabilidad en estos casos.
Es increíble que se pida una caseta de vigilancia para estas cuatro comunidades y digan que no hay presupuesto. Pero eso sí, estoy seguro que para aguinaldos, prestaciones y primas vacacionales ya se tiene apartado el recurso.
Es increíble que quien debería ser el ejemplo para todos nosotros, por ser nuestra máxima autoridad, hoy tenga una imagen de decadencia por sus excesos con el alcohol.
Qué podemos esperar de nuestras autoridades, cuando no se comprometen a combatir la apertura de bares y cantinas en todo el municipio, pues antes al contrario se hacen clientes de dichos establecimientos.
Cómo podríamos combatir los ilícitos que cometemos o de los cuales somos parte, si el mal comienza en nuestras propias autoridades, por su irresponsabilidad.
Como pueblo deberíamos exigir más resultados, para que al menos desquiten “lo que ellos se cobran”.
Por ejemplo: mayores centros de recreación deportiva en nuestras comunidades; conferencias sobre drogadicción, alcoholismo, sexualidad; talleres de costura, carpintería, cocina, plomería y balconería; programas de educación física para niños, eventos culturales y más.
Con todo esto podríamos combatir la delincuencia –matando el ocio- y buscando que nuestras propias comunidades se auto-empleen en trabajos que generen recursos propios que impidan la migración.
Así se combatirían de raíz nuestros males y no metiendo la cabeza en la tierra para pensar que los problemas no existen.
Reciban mis más respetuosos saludos y admiración por el Primer Aniversario de Alta Voz.
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