23 de julio de 2008

Editorial

Sindicos y Regidores

Está claro que un alcalde no lo sabe todo y no lo puede todo y menos si su equipo no tiene el perfil, la capacidad y la vocación de servicio que se requieren en cualquier área del ayuntamiento.

Al cumplirse la primera mitad del primer año de gobierno, los presidentes municipales ya deben tener muy claro qué colaboradores sí desquitan el sueldo y quiénes son un estorbo o de plano simulan su condición de aviadores.

Hay directores de área que asumieron con responsabilidad sus cargos desde el primer día del año, trabajan horas extra, apoyan acciones en sábado y domingo, y se les ve atentos y serviciales con la población. Lamentablemente son los menos.

Otros, en cambio, llegan tarde, son ineficientes, se conducen con prepotencia y hasta escandalizan o chocan alcoholizados. Estos servidores públicos cobran altos sueldos y compensaciones y nadie sabe hasta cuándo serán despedidos.

Hay hombres y mujeres que barren las calles a pleno sol, embellecen los jardines del parque o destapan caños y reparan tuberías en medio del lodazal, gente que labora hasta altas horas de la tarde o noche en tareas poco gratificantes, casi en el anonimato. Son la mayoría y sus pagos son raquíticos.

También hay una casta de cercanos colaboradores del alcalde, que son verdaderos bribones a los que el pueblo debe cuidarles las manos, pues sus antecedentes son razón suficiente para sospechar que harán fortuna al amparo del poder. La pregunta es si nuestros presidentes municipales los colocaron en puestos clave por su capacidad profesional o por ser profesionales en el saqueo del erario público. El tiempo lo dirá.

Luego está el grupo de recomendados del diputado local, del diputado federal, del partido o hasta de la suegra o la esposa. ¿Nombres? El pueblo los conoce.

Y hay otro grupo de servidores públicos sobre los cuales habría que colocar la lupa ciudadana, pues después de los alcaldes son ellos los que más altas percepciones salariales y compensaciones perciben. Son nuestros síndicos y regidores.

Aunque la ley es muy clara, resulta que los síndicos acaban siendo simples arlequines de los alcaldes, que se mueven al compás de los intereses del partido en el gobierno; que no tienen contrapeso ciudadano, que nadie los fiscaliza y que lo más que llegan a hacer es a firmarle la Cuenta Pública al presidente municipal, para justificar uso discrecional del dinero público. En muchos casos son un cero a la izquierda, pero el cargo les cae de maravilla para mejorar la economía doméstica. No tienen la capacidad, ni la visión del servicio público.

Y en el caso de los regidores, la cosa está peor. Llegaron por la sangre, sudor y lágrimas de los opositores al partido gobernante, pero al sentarse en su escritorio que representan otra forma de pensar. Se olvidan de la pasión de las campañas, reniegan de sus compromisos con el partido que los postuló. Desatienden hasta a sus propios correligionarios de partido ya instalados en el puesto. Y se ponen de acuerdo con síndico y alcalde para autodespacharse con la cuchara grande, jugosos sueldos, compensaciones, viáticos, prima vacacional y aguinaldos. Total, el pueblo es bien aguantador y no dice nada…Hasta ahora.

Lo peor de todo esto sería que, como suelen opinar pesimistas ciudadanos, todos termináramos pensando igual, llegando a la conclusión de que si no se puede hacer nada contra jovenzuelos incompetentes que beben y choca, contra deshonestos servidores públicos que impunemente nos roban de puntitas, menos se podría hacer algo contra las autoridades que fueron electas mediante el voto popular, como son alcaldes, síndicos y regidores.

Revocarles el mandato, sería la solución. Las presidencias municipales no pueden operar como simples changarros personales o familiares y menos como agencia de colocaciones. Menos aún como teatros de la política, donde síndicos y regidores le profesen un falso respeto a la ciudadanía.
Si la revocación del mandato es un instrumento legal aún impensable en nuestros días, por lo menos habría que fiscalizar la eficiencia y la conducta de nuestros síndicos y regidores, pidiéndoles además que ellos fueran, en nuestro nombre, los fiscalizadores del poder presidencial. Todavía podemos desactivar el potencial de peligrosos conflictos políticos

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