Olga Lucia Londoño
1.1. LA TIERRA
(Escandinavia)
· El más antiguo y poderoso de los dioses escandinavos era Odín; durante siglos, este dios supremo gobernó el vacío y resolvió llenarlo; decidió hacerlo, creando en el sur el fuego y en el norte el hielo. Hielo y fuego avanzaron por el vacío y, en el centro de la nada el aire se templó; el hielo comenzó a derretirse hasta adquirir forma de un gigante; el fuego seguía calentando al enorme hombre, quien se fue derritiendo hasta tomar una forma circular, originándose de esta manera, todos los océanos que cubren gran parte de la tierra.
Para que esta gran masa de agua no se regara, Odín la protegió construyendo un tapiz con los pelos de sus cejas, constituyéndose éstos en el verdadero origen de los continentes. Al cabo de un tiempo, Odín decidió bajar a pasear por la orilla del gran océano y descubrió que dos pelos de las cejas habían crecido y estaban aferrados a los otros por grandes raíces; eran dos troncos de árbol, en cuyo entorno se hallaba la hierba. Odín les dio alimento y con él la vida, luego los premió con la vista y el oído, con el entendimiento y los sentimientos. Los dos troncos se convirtieron en el primer hombre y la primera mujer de quienes descienden todas las familias de la humanidad.
Es interesante ver que en la mayoría de los mitos en los que se relata el origen de la tierra, ese ser supremo (llámese como se llame), siempre se despoja de algo que es suyo, que forma parte de sí mismo. En el mito anterior, Odín contribuye con sus cejas; en otros mitos aparece la figura materna que entrega a una de sus hijas o en otros se valen de sacrificios de animales… Pero, ¿qué es la tierra? Hay una teoría que afirma que no es más que un grano de arena en el universo, un pedazo de sol que se enfrió y que el astro regaló de su grandeza; aquí el sol también se despojó de algo que le pertenecía, así fuera tan minúsculo como un grano de arena.
· Dentro de la cultura cristiana, por ejemplo, Dios entrega su tiempo: El Génesis es muy claro en esto cuando dice “Y atardeció y amaneció el día sexto”; los días anteriores había creado la luz y las tinieblas (día 1); separó el firmamento de las aguas (día 2); luego apareció el suelo seco, que es el nacimiento de la Tierra y junto a ella los pastos, las hierbas y los frutos que llevan semilla adentro (día 3); luego Dios creó el Sol, la Luna y las Estrellas (día 4); pasó a dar origen a los seres vivientes que revolotean y los que viven en las aguas (día 5); el último día lo dedicó a los animales terrestres y al hombre, a quienes ordenó someter a la tierra en beneficio de la raza humana. Ante tanto trabajo, el séptimo día descansó, dando de esta manera origen a los días de la semana.
Otro relato, perteneciente a la mitología latinoamericana va a explicar igualmente el origen de la tierra:
(Colombia)
· La “Pachamama”, como la denominan en Perú y Bolivia, es la tierra con rostro de mujer, es la “Madre Tierra”; así la llamaron los indígenas de la tribu de los Kogui, habitantes de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia, quienes cuentan que al comienzo sólo existía la Madre Tierra y sus hijas. Cerca de allí nacieron tres jóvenes llamados Seraira, Seyunkue y Kimaku, los que pidieron en matrimonio a las hijas de la Madre Tierra; primero tomaron a la Tierra Blanca, luego a la Arenosa Blanca, a la Tierra Roja y a la Tierra Amarillosa. Las desposaron una por una, las regaron por todo el mundo, pero ninguna produjo nada. Quedaba la mejor de las hijas, la Tierra Negra, de la que su madre no se quería separar y prefirió esconderla. Los tres jóvenes decidieron raptarla, la regaron por todo el mundo, sembraron en ella y produjo frutos.
En esta historia, nuevamente un ser superior entrega algo que le pertenece; la Madre Tierra entrega a todas sus hijas, y así nacen los tipos de suelo que existen; las hijas que inicialmente desposaron los tres jóvenes, pertenecen aún al mundo y se encuentran identificadas por el color: las blancas, parduscas o amarillas son las arenas de las playas y de algunos causes de los ríos; las tierras rojas por lo general están en los climas cálidos y, los suelos negros, identificados con un acto de amor, tuvieron que ser raptados; éstos tienen un origen explosivo e incierto, un origen volcánico y constituyen la tierra más fértil. Notemos que aquí se mezclan y refunden los conceptos: Tierra y Mujer, tema constante en la producción mitológica y literaria de los orígenes.
Dando un enorme salto histórico, cito al peruano Ciro Alegría, quien dice en su obra “El mundo es ancho y ajeno”: “Podría afirmarse que el Adán americano fue plasmado según su geografía; que las fuerzas de la tierra, de tan enérgicas, eclosionaron en un hombre con rasgos de una montaña”. Después de muchos años, la naturaleza continúa siendo motivo literario, pero ahora no interesa quién la creó, ni cuál es su origen; lo que importa es someterla a la voluntad humana, apropiarse de ella y gobernarla. (Fíjense cómo aquí se cumplen los designios del Dios de los cristianos).
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