
caricatura - Abril Riveros
Pablo Romo
Podría empezar diciendo que no soy el unico mexicano preocupado por la situación de su país, tampoco el único que piensa que es necesario hacer algo diferente ( más allá de secuestrar un avión por solicitud divina). Por el contrario creo que somos millones los mexicanos que al salir a la calle se topan con el espejo de la ansiedad, la violencia, la desesperanza, el hartazgo, la insatisfacción, la mentira, la decepción y la ira.
Creo, a diferencia de lo que piensa el presidente y sus allegados nacionales y extranjeros, que este país está a punto del colapso. Ya nadie cree en las instituciones, ni en las que procuran y administran justicia, ni mucho menos en las que velan por el resguardo de nuestra fantasmal democracia.
Soy de los muchos que consideran que la lucha anti narco es absurda, ridícula e inútil, y cuyo único logró ha sido llevar a México a la violencia indiscriminada, al terror y al pánico.
Los que vivimos y sobrevivimos a diario sabemos muy bien que la situación no es sencilla, que no tiene que ver exclusivamente con un problema de carácter económico, como si la política, la sociedad, la cultura, el medio ambiente, la educación, el campo, el deporte, los derechos humanos, la libertad de expresión etc ; no estuviera también en crisis.
Los que caminamos nuestros pasos sabemos, sin tener que ser graduados de las mejores universidades, que lo que hoy vivimos es el futuro que nos alcanzo. Un futuro mal planeado, sin visión, sin consideraciones para nadie, sin esperanza, un futuro que hoy presente no es más que un desorden del cual sacan provecho unos cuantos.
En Veracruz la realidad no miente
Lo extraño en Xalapa seria que no hubiera manifestaciones, que no hubiera caos vial, que no hubiera ruido, demandas, consignas, cartulinas, toma de calles, etc.
-¿Y ahora quiénes son? - Se preguntan los informantes de Fidel, -¿Qué es lo que piden?- y seguramente ya tendrán una lista de posibles peticiones para solo tachar la correcta: vivienda, servicios, tierra, justicia, empleo, seguridad, o simplemente: “que cumpla lo que prometió”. Mientras los puentes se colapsan, los “rojos” se van a la cárcel, los policías ocultan a los decapitados, los medios cobran sus quincenas y el corazón veracruzano va silenciando sus latidos al punto de empezar a agonizar.
Pero Herrera Beltrán siempre optimista y fotogénico, finge y mantiene el discurso del empleo, del progreso, del trabajo, del desarrollo. Mantiene el discurso y la imagen del jarocho con guayabera blanca y paliacate rojo, de la jarocha ataviada con su vestido típico, llena de joyas y encantos; Estereotipos que solo viven en las ilustraciones de los libros de texto, que por cierto también sufren de la amnesia y el perverso desinterés de quienes controlan la educación de nuestro país, y están empeñados en hacernos olvidar nuestra historia.
Podría seguir enlistando atrocidades, injusticas, desfalcos, traiciones y un sin número de incidentes que han dado cuerpo a esta crisis, pero seria absurdo y tedioso nombrarlas. Pienso, como millones de mexicanos que esto va a tener que cambiar, no podría aventurarme a decir que cambiara a favor de la justicia, la libertad, la igualdad y la democracia, pero estoy seguro que somos millones los corazones que estamos dispuestos a todo por tan siquiera intentarlo. Y entonces si poder gritar: “Que viva México cabrones”.
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