4 de noviembre de 2013
SIN RUMBO SEGURO
Gran parte del debate que se está dando hoy en nuestro país, acerca de la reforma educativa, pasa necesariamente por los medios de comunicación. Es ahí donde se juega la viabilidad de esta iniciativa presidencial, diseñada en los organismos internacionales, para que México sea parte de “la modernidad y la calidad educativa”, dicen los Tezcatlipocas contemporáneos.
Por ello, mientras los medios tradicionales, impresos y electrónicos, ponen los reflectores en todo lo que diga papá gobierno y demás fauna de servidores públicos y satélites naturales, los medios independientes, redes sociales y demás formas de la comunicación popular, dan cobertura a las posturas, movilizaciones y alcance de la lucha magisterial a nivel estatal y nacional. Todo es cuestión de forma, fondo y ética periodística.
El presidente Enrique Peña Nieto quiere hacerla de Pancho Pantera, envalentonado por Televisa, pero su error de cálculo fue haberse metido con el gremio más numeroso de todo México, que es el de los maestros, digamos de unos dos millones de profesores. En todas partes hay un maestro.
Sin embargo, calcula el engomado presidente que con los gobernadores, diputados, senadores, dueños de los principales medios de comunicación, parte de la jerarquía católica, cámaras empresariales, sociedades de padres de familia a modo, sindicatos afines y desde luego el ejército, los marinos y las policías estatales, municipales, alcaldes y demás morralla priísta, será capaz de contener al magisterio en rebeldía, amenazándolos con que si no regresan a clases serán sustituidos.
Hasta la semana pasada el balance era en favor de los maestros disidentes, no obstante el grado de desgaste, linchamiento mediático, presión social y agresiones policiacas que han tenido que sortear, en Veracruz y demás entidades de la república.
Sin embargo, la lucha es desigual: mientras el PRI-AN-Gobierno tiene todos los recursos para combatir la inédita y auténtica insurgencia magisterial, que vela por los intereses laborales del profesorado y la gratuidad de la educación, al menos en Veracruz los maestros carecen de una experiencia de lucha magisterial independiente, pues es reciente el desconocimiento de sus dirigencias tradicionales, y por consecuencia de una articulación y organicidad que le de rumbo al movimiento en la presente coyuntura. La excepción es la CNTE, pero aún con pocos adeptos por los fantasmas que le han creado los gobiernos y los medios.
Tal vez por eso, para quedar bien con Peña Nieto, el gobierno de Veracruz ya comenzó a accionar aunque erráticamente, dejando huellas indelebles por sus pésimos métodos: ignoró la petición del Movimiento Magisterial Popular Veracruzano (MMPV) para sentarse a dialogar sobre los alcances de la reforma y sus leyes secundarias; creó artificialmente organismos como el “Consejo Magisterial Veracruzano” de Alfonso Tepetla Juárez, “Movimiento Magisterial Auténtico Popular de Veracruz” y “Expresión Institucional”, para golpear psicológicamente al MMPV; mandó el mensaje a la sociedad de que “los oaxacos” tenían injerencia en el estado (cuando el único operador de ese estado es el diputado priísta Flavino Ríos Alvarado “El Chino”, porro de la política veracruzana), para enrarecer el ambiente; operó desde algunas células de la Sociedad de Padres de Familia Estatal la ruptura de paros en escuelas; infiltró al movimiento de maestros con “orejas” e “informantes” para saber qué se prepara cada día; puso a la sociedad en contra de los maestros, alegando derechos de terceros y supuestas consecuencias de los paros y bloqueos carreteros, para desgastar y encajonar a los profesores ; filtró e instruyó a conocidos “columnistas” –algo así como francotiradores del régimen-, para desvirtuar, ridiculizar y criminalizar a los profesores; y –al no funcionarle todo lo demás-, comenzó a analizar la opción de utilizar a la fuerza púbica, estatal y federal, para apagar los principales focos de resistencia en toda la entidad. En suma, el régimen opera la vieja fórmula de silenciar, dividir y atemorizar a sus opositores.
No ajenos a la estrategia gubernamental, se mueven también otros actores y sectores, que siempre viven pegados a la ubre del erario, como los líderes sindicales, algunos “académicos” e intelectuales orgánicos y desde luego conductores de radio y televisión de estaciones públicas y privadas donde se bombardea al público –con cargo al presupuesto- con spots mal hechos sobre las supuestas bondades de la reforma educativa.
Por su parte, el MMPV entra a sus séptima semana de efervescencia con dos retos inmediatos: llenar el Puerto de Veracruz el jueves 17 de octubre, para ver su correlación de fuerza dentro y fuera de la entidad y la negociación con los padres de familia para que el regreso a clases sea sin la injerencia del gobierno ni la presión torpe de funcionarios de la SEV en todos sus niveles y modalidades, en diálogo respetuoso pero firme, de modo que en vez de restar y dividir, se sumen a una causa común, antes de que sea demasiado tarde para ambos.
Esto último no es ni será fácil ni rápido, por lo anteriormente expuesto, pero además porque algún sector de padres de familia y sociedad en general, habían esperado cobrarse facturas pendientes por el mal desempeño de profesoras y profesores, muy probablemente la minoría, que ensucian al gremio y su vocación, pagando ahora justos por pecadores.
Lo otro, la forma en que el gobierno de Veracruz tratará al magisterio después de la demostración de fuerza que se ha programado en el Puerto de Veracruz, tendrá que evaluarse con inteligencia y tolerancia, si no se quiere una espiral de ingobernabilidad, dentro y fuera de la entidad, cuando se unan todas las luchas de todos los sectores por la aprobación de las llamadas reformas estructurales.
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