Estoy preparando otro libro, o sea la segunda parte. Pues, hablando del libro que ya escribí, este, se trata de que yo comentaba con mis hijos una plática de algo que me había sucedido, y como son cinco hijos, y les platicaba yo a uno una cosa y después este “oye eso ya me lo dijiste papá” entonces dije “pues mejor es por escrito” y he tenido la inquietud de escribir aunque sea ya ahora de grande, ¿no? De joven también, pero nunca se me había ocurrido guardar lo que había escrito y eso fue uno de los motivos que me hicieron escribir este, el libro. Por otro lado, les decía yo que estoy reuniendo algunos escritos más para formar la segunda parte.
Precisamente por aquí de lo que estoy preparando yo, marqué algunas, algunas partes. Y uno de los escritos que pienso poner en el siguiente libro, este, es “Buscando huellas”
Buscando Huellas
Entre las personas, hay quienes se distinguen por sus hechos. Cuántas de ellas existieron en Ixhuacán de las que nada sabemos; personas emprendedoras que organizaron y construyeron; otras que descollaron por intelectuales; no sólo me refiero al Ixhuacán colonial, pues es bien sabido que mi pueblo existía desde antes de la llegada de los europeos, y no hay duda de que poseía su propia cultura como los demás pueblos prehispánicos.
No quiero entrar en honduras, por lo que sólo me limitaré a hacer mención y breves comentarios sobre personas que yo conocí, empezando por la señora María Méndez de Hernández, quien habiendo estudiado para ser maestra recibió su título de manos del eminente pedagogo Don Enrique C. Rébsamen. Poco se ha hablado en Ixhuacán de ella, tal vez por el mucho tiempo transcurrido, o porque no hay quien se interese en hacerlo.
Otra persona digna de mencionar es Don Gabriel Morales Leal, revolucionario intelectual, quien además ejercía como médico en el pueblo, y lo hacía de manera altruista sobre todo entre la gente más necesitada.
También, aunque no fue originario de Ixhuacán, pero por su valiosa labor menciono al Dr. Pbro. Don José López, a quien llamábamos cariñosamente “Padre Pepe” que fue muy estimado por la gente de mi pueblo. Siendo el párroco de Teocelo, atendía los asuntos religiosos en Ixhuacán por no sé qué problemas existentes entre la iglesia y el Estado.
Recuerdo que allá por la década de 1930, celebraba misa secretamente en casa de mis parientes los Vélez.
Por iniciativa suya se construyó el pequeño kiosco, de estilo arabesco, y se adquirió el primer reloj de la torre de Ixhuacán.
Personas mayores aún cuentan que en una ocasión el padre Pepe subió a la torre a tocar las campanas en momentos de tormenta eléctrica, y que al caer un rayo le fundió su reloj y su cadena, sin que a él le causara daño, por lo que se le oyó decir: “Me escapé del rayo, pero no me escaparé de la raya”.
Forma parte también de la lista la Srita. Profra. María Luisa Flores Lara, a quien el pueblo cariñosamente llama “Luisita”, y que enseñó a leer y escribir a muchas generaciones.
Como su trabajo no era reconocido por el Estado, lo ejercía particularmente en su propia casa, y era retribuido por los padres de familia con lo que voluntariamente quisieran darle.
He sabido que los vándalos que se autonombraban soldados del gobierno (los carrancistas), tomaron preso a Don Manuel Flores, padre de Luisita, le desollaron las plantas de los pies, y antes de asesinarlo y desmembrarlo, lo obligaron a caminar sobre piedras.
Luisita tuvo que pasar el amarguísimo trago de recoger el cuerpo despedazado de su padre.
Por último, voy a referirme al sr. Augusto César Hernández Méndez, quien fue secretario del Ayuntamiento durante muchas décadas.
Poseía especial sentido del humor; cierto día se presentó en mi escuela para invitarme, como en otras ocasiones, a comer en su casa; como eran días de matrícula, me preguntó después de saludarme: “¿Se completa la matrícula, o faltan chamacos? Si no se completa díganos cuántos faltan y los mandamos a hacer inmediatamente”; y continuó; “Como se imaginará usted, el objeto de mi visita el día de hoy, es el de invitarlo a que me acompañe a la casa para que le hagamos los honres fúnebres a un pollito que murió de viruelas; mi esposa quería enterrarlo pero yo me opuse; cómo íbamos a desperdiciarlo”.
Otras veces no se trataba de un pollito sino de un “cabroncito”, como él le decía refiriéndose a un cabrito.
Una vez sentados a la mesa, junto con dos o tres amigos más, había que tomar un aperitivo, por lo que expresaba: “Antes de la sopa, copa”; poco después decía: “Si quieres verte gordito, a medio comer otro traguito”.
Como la había hecho muchos años atrás Don Gabriel Morales, desempeñaba el papel de médico en el pueblo, y lo hacía también de manera gratuita; cuando le era posible, si la persona era muy pobre regalaba la medicina.
En una noche de luna llena, cuando aún no teníamos energía eléctrica en el pueblo, le escuché decir: “Si yo tuviera una novia, y tuviera una guitarra, supiera yo tocarla, y supiera yo cantar, le llevaría serenata;
pero como ni tengo novia, ni tengo guitarra, ni la sé tocar, ni sé cantar, mejor me voy a acostar.”
Como era de cuerpo muy delgado y de estatura baja, decía: “Los políticos que nos visitan me ven chiquito; pero ellos ignoran que de lo fino se despacha poco.”
Me aventajaba en edad veintitrés o veinticuatro años, y como buen amigo, me sugería navegar siempre con bandera de “tonto”.
Acostumbraba portar pistola, por lo que cierto día un sacerdote le preguntó: “¿tiene usted enemigos Don César, y por eso anda usted armado?” Él contestó “No padre, sólo cargo la pistola para que no me lleve el viento”.
Entre las innumerables frases de Don César está la siguiente: “Al joven que abusa de los placeres, temprano se le hace tarde.”
Varias veces le escuché decir: “Qué hermoso es Ixhuacán; pero me duele pensar que algún día tendré que abandonarlo” (Mariana Riveros Pozos).
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