El
empecinamiento y la cerrazón de los poderes Ejecutivo y Legislativo, de
aprobar la Reforma Educativa – Ley General de Servicio Profesional
Docente-, ha provocado una inusitada ola de marchas, plantones y paros
de maestros en todo el país, al margen de sus dirigencias sindicales.
Primero
fue la ciudad de México, sede de los poderes federales, el escenario
donde ocurrieron las primeras muestras de insubordinación magisterial, a
donde llegaron profesores de Oaxaca, Guerrero y el propio Distrito
Federal, para tocar las puertas de Los Pinos y de las cámaras de
Diputados y Senadores, para intentar detener una reforma que consideran
contiene amenazas para su derechos laborales.
Pero aun
cuando las autoridades educativas estatales y federales pretenden
minimizar el alcance de este inédito levantamiento magisterial y los
grandes medios de comunicación y conductores de noticias descalifican
las protestas y manipulan la información, haciéndoles ver como flojos y
agitadores, esta semana el paro nacional convocado por la Coordinadora
Nacional de Trabajadores de la Educación ya mostró el verdadero alcance
de la rebelión de los profesores.
De forma inédita,
por ejemplo, el domingo 1ro de septiembre miles de profesores se
sublevaron de sus dirigencias sindicales y marcharon de la Escuela
Normal Veracruzana hacia la Plaza Lerdo, explicando mediante pancartas y
volantes que la reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto,
plantea regulaciones laborales, pero no una propuesta académica que
regule la carrera del docente; no toma en cuenta el modelo de carrera
docente que se usa en otras instituciones como las universidades; no
propone estímulos para la profesionalización, sino por el contrario
genera incertidumbre respecto a la adscripción, ingreso y función;
promueve la desaparición de la definitividad en el empleo; plantea la
evaluación como pretexto para los despidos; y deja en manos de los
gobernadores y líderes sindicales la regulación de las condiciones
laborales futuras.
Por vez primera, maestras y maestros
de distintos niveles escolares y de distintos sindicatos, alzaron la
voz y salieron a las calles y plazas públicas en diversas partes de la
entidad, mientras diputados y senadores aprobaban la reforma educativa
de Enrique Peña Nieto, a la que consideran como un instrumento de
venganza política en contra de Elba Esther Gordillo, pero que no debería
lesiona
r los derechos del profesorado.
Al
cierra de esta edición es aún demasiado pronto para saber qué alcance y
consecuencias tendrán las marchas, plantones y paros magisteriales, pues
del otro lado se unen al presidente de la república la mayoría de los
legisladores de todos los partidos, las televisoras y los líderes
sindicales.
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