7 de septiembre de 2013
FORMACIÓN DE NUEV@S COMUNICADOR@S, FUNDAMENTAL PARA EL RELEVO GENERACIONAL EN LA XEYT
Elfego Riveros
La radio comunitaria tiene que ser útil, debe ser alegre, pero sobre todo está llamada a quitar vendas de los ojos para que pasen cosas buenas en bien de la gente.
Esa es la propuesta principal que ponemos siempre sobre la mesa, cada vez que abrimos un nuevo curso de locutores en la XEYT Radio Teocelo, emisora que opera desde hace 48 años, en medio de fincas de café, palos de naranja y matas de plátano, en la zona centro de Veracruz.
La capacitación y formación de nuevos comunicadores populares pasa por varios filtros, pues queremos asegurarnos que entren a colaborar a la radiodifusora los mejores miembros de la comunidad, con vocación de servicio, que ayuden a parir palabras entre la gente más necesitada y agraviada por empresas, partidos y gobiernos, para que se expresen libremente sin miedo ni pena.
A veces llegan de visita estudiantes universitarios y debatimos amistosamente con ellos acerca de las limitaciones que hay en la mayoría de los planes de estudio de escuelas y facultades, donde prevalecen las teorías hipodérmicas de la comunicación, que pregonan que bastaría contar con un medio propio para “inyectar” contenidos a la audiencia para que se haga la revolución…
Por eso, los aspirantes a ser parte del equipo de Radio Teocelo deben acreditar un año de capacitación y formación, que se reparte en sesiones semanales de tres a cuatro horas, en las que se van alternando la teoría y práctica de la locución radiofónica con una formación social y humana que haga equilibrio con el dominio de los equipos, la apropiación de las nuevas tecnologías y el uso de las redes sociales.
A veces se inscriben hasta 40 o más principiantes en esos cursos de capacitación, pero al final de las 53 sesiones semanales sólo llegan a ingresar 10 o 12 nuevas compañeras y compañeros, ya que a la mitad del curso también se les pide un tiempo de colaboración, para medir su puntualidad, responsabilidad, compromiso, disciplina, congruencia e integración al demás colectivo de la radio.
Se les enseña que la radio es un espacio público de negociación, donde se triangulan los gustos e intereses de los oyentes, los locutores y la filosofía del propio medio de comunicación, cuya principal naturaleza es su masividad.
Se les explica además que el locutor de una radio comunitaria no debe hablar con un lenguaje rebuscado, como para que vean que sabe mucho, sino de la manera más sencilla para que le entiendan; eso sí, inculcándoles el hábito por la lectura, aplicar el método de ver-pensar-actuar, recordándoles que mientras un maestro se prepara todos los días para entrar en comunicación con 30 o 40 alumnos y un párroco hace lo mismo para dirigirse a 100 o 200 feligreses, el comunicador tiene que hacerlo para llegar simultáneamente a miles o millones de oyentes con muy diferentes gustos e intereses.
En su etapa de formación social y humana, los aspirantes deben salir a las comunidades donde llega la señal de la emisora, para conocer a las personas y sus pueblos; tomar nota de cuáles son sus costumbres y necesidades, sus logros y sus sueños, cómo viven, en qué trabajan, qué música y qué contenidos les gustaría oír por la radio.
En ese proceso, las y los futuros comunicadores van comprendiendo que su labor no es tanto la de hablar y pretender ser estrellas del micrófono, sino la de escuchar con atención y sensibilidad a la gente para lograr la empatía a la hora de salir al aire.
Al mismo tiempo, van entendiendo la diferencia que hay entre la misión de una radio comunitaria y los demás medios electrónicos - públicos y privados-, llegando a la conclusión de que nuestras emisoras están orientadas a desarrollar músculo ciudadano para que la gente tenga información y tenga poder.
Saben, los aspirantes, que en comunidades rurales e indígenas la brecha digital se nota más, por lo que deben emprender otro tipo de estrategias para que los micrófonos de la radio estén más cerca de las personas.
Ya aprobados y en uso de sus espacios radiofónicos, las y los locutores de Radio Teocelo saben que construir y sostener este medio comunitario, libre e independiente, nos ha costado casi medio siglo de sangre, sudor y lágrimas, por lo que no podemos convertirnos en una radio Montessori, donde cada quien puede hacer lo que se le pegue la gana, pues para que la gente les tenga credibilidad, confianza y cariño, deben ajustarse a un código de ética y a una congruencia personal e institucional a toda prueba.
Son manuales de cabecera para el colectivo de Radio Teocelo, Un código de ética para los medios mexicanos, que Raúl Trejo Delarbre publicó en 1994 y en su libro Volver a los medios y la “Ética Informativa” que José Ignacio López Vigil – Radialistas Apasionadas y Apasionados-, propone en su libro Ciudadana Radio, el poder del periodismo de intermediación, editado en 2004 en Perú.
Aspectos sustanciales de la objetividad, el pluralismo, la independencia y el respeto en el uso y administración del uso de la frecuencia, deben asumirse como mandamientos o declaración de principios de estos singulares militantes de los medios comunitarios, pero sin dogmas de ninguna naturaleza.
La radio comunitaria en nuestro país, entonces, puede ser también un espacio de realización personal, con servicio a la sociedad y empleo digno.
Hace falta, sin embargo, que las universidades públicas y privadas de nuestro país, dejen de ver a los medios comunitarios como marginales, para que los futuros profesionistas de la comunicación y el periodismo, descubran su gran potencial educativo y la dimensión y alcance de su incidencia social y cultural.
Desde luego, hace falta también que las leyes secundarias que se van a desprender de la reforma en telecomunicaciones, dejen de considerar a los ciudadanos de este país como simples consumidores de servicios y contenidos, para reconocerlos como auténticos sujetos del Derecho a Comunicar.
La democratización de la vida pública de la sociedad mexicana no se alcanzará con dos o más cadenas nacionales, sino mediante el reparto equitativo del espectro radioeléctrico. Y en ese tema empresarios, gobierno, legisladores y académicos no pueden ser los únicos interlocutores.
Faltamos los ciudadanos.
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