20 de noviembre de 2012

OTROS DESORDENADOS APUNTES SOBRE MI PUEBLO

Me he referido ya en otro escrito, a las casa de la calle Zaragoza de Ixhuacán. Existen además otras casas muy antiguas y con las mismas características; son muy altas y sus habitaciones un poco obscuras y frías, por eso, y por costumbre, sus dueños mantienen sus puertas abiertas de par en par durante el día. (En señal de duelo, se abre solamente una hoja de cada puerta cuando muere alguien de la casa)

Hace muchos años hubo en Ixhuacán tiendas importantes de las que recuerdo haber visto en mi niñez, únicamente los nombres de dos de ellas con letras medio borradas pero legibles: “El Centenario” y “La Central”.

Hay una casa en la que podemos admirar los antiguos anaqueles que forman el armario de lo que fue una tienda; además, un mostrador grande de madera de una sola pieza; lo que nos da una idea del tamaño del árbol del que se obtuvo ese gran trozo.

Ha habido también casas sencillas armadas con tablones largos, anchos y gruesos, entrelazados en sus extremos unos con otros; les llamamos “Casas de cajón”. Esas casas son muy abrigadoras en época de frío.

Casi todas las casas tienen tapanco, lugar en el que se almacenan las cosechas del maíz y del frijol.
Por las noches se aseguraban las casas con cerrojos o atrancando sus puertas con un madero.
Cuando niño veía yo que las puertas se aseguraban también por dentro con un trozo de madera atravesado, colocándolo sobre unos soportes que se encontraban en cada uno de los lados del marco.

El portón de la casa en que nací, que fue la casa de mis abuelos paternos, se aseguraba con el travesaño. Su postigo, con una tranca durante la noche. Para que el postigo permaneciera cerrado durante el día, se le colocaba arriba de su nivel, una piedra metida en un morral; el morral pendía de una correa. Para entrar se empujaba el postigo que se cerraba solo por el peso de la piedra.
Actualmente en las ciudades, muchas puertas se manejan con controles eléctricos y no con piedras colocadas en morrales.

La mayoría de las casas tienen techos de teja, y todavía quedan algunas que conservan sus pisos de ladrillo de barro.

Hubo casas con pisos de madera a los que llamamos pisos de tarima, formados con tablas o con tablones colocados sobre vigas que a su vez, se colocaban sobre piedras para evitar que estuvieran en contacto con la tierra.

Si se abría el entarimado para hacerle alguna reparación, los niños acudíamos al lugar a remover la tierra, ansiosos por encontrar canicas, monedas, o algún juguetillo que al caer hubiera pasado entre una tabla y otra.

Los dueños de las casas solían tener en sus patios, gallinas, pollos, guajolotes y cerdos.

En la actualidad es fácil la obtención de huevos y pollos de granja; es por ellos que en las casas ha disminuido la existencia de esos animales. (Lo que antes fuera concierto de gallos cantando por las madrugadas, hoy sólo es uno de nuestros recuerdos).

Es común ver todavía en los patios, árboles con duraznos, ciruelos y aguacates.

Las amas de casa siembran en el sueño y en macetas, plantas de ornato y de condimento entre estas últimas podemos mencionar la hierbabuena, el epazote, el tomillo y el orégano. Siembran también plantas medicinales como: manzanilla, panalitos, romero, epazote-zorrillo, hinojo, etc.

Muchas personas viajaban caminando a Cosautlán, Xico, Teocelo y Coatepec para vender huevos, pollos, quesos, chirimoyas y aguacates. Regresaban con frutas, pero principalmente con el recaudo para cocinar.

Hubo en Ixhuacán quienes se dedicaban a labrar vigas en los pinares cercanos al pueblo; las arrastraban valiéndose de animales de tiro.

Los madereros de Ayahualulco pasaban por Ixhuacán de madrugada, transportando la madera en burros, mulas y caballos.

Los madereros de Ayahualulco y los de Ixhuacán, vendían la madera en Teocelo, Cosautlán y Xico. 
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TOMADO DEL LIBRO “MIS RECUERDOS”, ESCRITO POR EL PROFR. RAFAEL MARTÍNEZ MORALES DE IXHUACÁN DE LOS REYES, SE REPRODUCEN A CONTINUACIÓN LAS PÁG. 24 y 25.

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