5 de noviembre de 2012

DÍAS DE DIFUNTOS


TOMADO DEL LIBRO “MIS RECUERDOS”, ESCRITO POR EL PROFR. RAFAEL MARTÍNEZ MORALES DE IXHUACÁN DE LOS REYES, SE REPRODUCEN A CONTINUACIÓN LAS PÁG. 67 y 68.

He dicho anteriormente que los madereros de Ayahualulco pasaban por Ixhuacán con madera rumbo a Xico o Teocelo. En los días previos a Todos Santos regresaban con muchos botes o latas de metal para utilizarlos en la cocción de los tamales, que hasta la fecha son parte de la tradición de nuestros pueblos en días de muertos.

Allá por 1946, el único molino de nixtamal que existía en la región se encontraba en la cabecera municipal de Ixhuacán y durante esas fechas comenzaba a moler desde la media noche, porque eran numerosos los clientes que bajaban del municipio de Ayahualulco con bestias cargadas hasta con cuatro latas de nixtamal cada una.

En algunas rancherías pertenecientes al municipio de Ixhuacán, quienes no contaban con dinero para comprar la carne de cerdo, el chile, los condimentos para los tamales y demás cosas para la ofrenda, vendían su café al mismo tiempo, es decir: lo vendían antes de cosecharlo.

(la cabecera municipal de Ixhuacán está a 1800 metros sobre el nivel del mar; pero dentro del municipio existen lugares a nivel más bajo, en los que es posible cultivar el café)

En las rancherías a que me refiero, se tenía una lata con tamales cociéndose en el fogón, y ya estaba lista la siguiente para ocupar su lugar, y a veces, hasta una tercera.

Pienso que la costumbre de hacer tamales en esas fechas, ha sido para mucha gente, como devoción, iguala la de consumir pescado durante la cuaresma pudiéndolo hacer en cualquier época del año.
Hay que tomar en cuenta que tanto los tamales como lo de las ofrendas, se hace con la intención de satisfacer los gustos que en vida tuvieron los familiares.

En días anteriores a las celebraciones de los muertos, personas de mi pueblo, elaboraban velas de cera para su venta.

Cuando niño tuve oportunidad de ver más allá en el rancho de mis abuelos maternos, a unos tíos quienes poseían abejas en cajones rústicos, extraer de ellos los panales de cera rebosantes de miel; a ese trabajo le llamaban “castración”. Para realizarlo se auxiliaban con un recipiente de metal o de barro con olotes encendidos. En su interior, despidiendo humo para tranquilizar las abajas y evitar ser atacados por ellas.

Pude ver cómo, con las manos, exprimían la cera y recogían la miel que escurría en una olla de barro.

Como los demás chiquillos, estaba yo esperando que me diera el tío una bola de cera impregnada de miel para masticarla; cosa que completaba nuestra alegría, pues el hecho de contemplar el trabajo con nuestros ojos bien abiertos, para satisfacer nuestra curiosidad de niños, ya de suyo era placentero.

Con las ceras se hacían las velas; trabajo que iniciaba formando un bejuco un aro como de 80 centímetros de diámetro; a ese aro le ponían muchos clavos y lo colgaban en forma horizontal. En los clavos colgaban pabilos dobles, todos del mismo tamaño. Con un pequeño recipiente bañaban uno a uno los pabilos con cera derretida, haciendo al mismo tiempo que girara el aro. Los pabilos recibían tantos baños cuantos fueran necesarios para lograra en las velas el espesor deseado.

Después de esa paciente labor, las velas eran retiradas para comenzar el mismo trabajo con otros pabilos.

En Ixhuacán hubo personas que acostumbraban engordar un cerdo para sacrificarlos en los días de muertos, obteniendo así la carne para los tamales. Todo era para el gasto de la familia, no para la venta; pero ya hechos los tamales, los vecinos los compraban entre sí.

No recuerdo haber visto en mi pueblo altares con ofrendas muy grandes y surtidas; pero sí en las congregaciones en donde los altares eran cubiertos con tamales de carne, tamales de frijol, casuelas con mole, pan, chocolate, dulce de calabaza, un jarro con miel de abeja, aguardiente, cigarros, plátanos, naranjas, etc.

No puedo creer que las almas de los difuntos nos visiten y mucho menos que vengan a comer tamales; pero esa costumbre forma parte de nuestras tradiciones, y ojala que nunca desaparezca.
Ojala, también, que no dejemos que nos invadan costumbres extranjeras que no tienen ningún valor para nosotros, como la noche de brujas.

Mi opinión personal es, que debemos conservar, cuidar y defender lo nuestro.

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