Por: Elisa Fosado
El aprendizaje es un complejo de conductas en las que interviene la totalidad del individuo, quien resuelve problemas derivados de su experiencia que ha sido realizada con ese propósito. El niño, desde sus primeras experiencias se enfrenta a los estímulos provenientes del ambiente donde se desenvuelve, dada su capacidad para asimilar estas experiencias es como puede traducirlas en aprendizajes, cuya complejidad se va acrecentando con su desarrollo. Así aprende a distinguir los objetos y las personas, sus propias necesidades, los mecanismos verbales de comunicación, hábitos y habilidades que aseguran su adaptación a las demandas de su vida, más adelante será capaz de adentrarse en el mundo de las ideas, de las abstracciones y de la interpretación de la realidad a base del conocimiento que va adquiriendo de ésta. Los niños que presentan discapacidad intelectual suelen tener limitaciones en cuanto a la calidad y cantidad de sus aprendizajes, puesto que en ellos los elementos de que disponen no funcionan en tiempo y forma como en el caso de los niños sin esta disminución.
El pensamiento es un proceso que permite formar conceptos en la mente y tienen que ver con el complejo problema de la adquisición del conocimiento. La percepción, la memoria y la atención son parte de ese proceso cognitivo, la manera en que éstas se interrelacionan permite el desarrollo de las llamadas habilidades del pensamiento. En el proceso de la adquisición de los conocimientos se advierte que los estímulos externos se perciben por las vías auditiva y visual; la atención es una habilidad que requiere de la concentración y la retención, que a su vez hace funcionar el mecanismo de la memoria, que tiene como funciones, primero el registro de las experiencias y más tarde su evocación; la organización de los elementos del pensamiento da lugar a los procesos inductivo y deductivo, que a su vez se traducen en aprendizajes, concebido como un cambio de conducta resultado de la experiencia, en éste pueden predominar los componentes cognoscitivos, que se construyen con un sistema de representación lingüística (palabras, letras o fonemas) o los hábitos, las habilidades y las destrezas motoras.
En el caso del niño con necesidades educativas especiales asociadas a la discapacidad intelectual, su condición específica tiene algunas características peculiares vinculadas con el desarrollo de su pensamiento, y por ende en la adquisición de aprendizajes académicos. Nos referiremos enseguida a las características del pensamiento que distingue a estos niños de los llamados normales:
El egocentrismo: Es propio del pensamiento infantil que hace que el niño centre las acciones en sí mismo; el mundo de los objetos y el mundo de los demás gira en torno a él, aparentemente se muestra egoísta porque se posesiona de los objetos que no comparte. Esta centración en su propia actividad inicia su descentración cuando el niño ingresa al jardín de niños, juega, socializa y abandona de esta manera el egocentrismo y conquista la objetividad. En el niño con discapacidad intelectual, y con mayor énfasis en el que presenta Síndrome Down, el egocentrismo se prolonga más allá de lo normal, entre otros motivos por el hecho de los padres de familia, manifiestan su preocupación, ya sea por su salud endeble los primeros años de vida, o por considerarlo incapaz de valerse por sí mismo, es ahí donde predominan los esquemas egocéntricos sobre las construcciones del razonamiento, las actividades de elaboración mental están más ligadas a la percepción que a la reflexión. Al centrar las acciones en sí mismo difícilmente modifica su punto de vista para utilizar otro criterio que le permita resolver problemas.
La impermeabilidad y la perseverancia son características que se derivan del egocentrismo y que definen las formas en que el niño con discapacidad intelectual se enfrenta al aprendizaje. La impermeabilidad nos revela su dificultad de incorporar información nueva sobre el objeto de conocimiento, la insistencia obsesiva por repetir comportamientos provoca la perseverancia, que por mucho tiempo se ha señalado como una característica distinta de las personas con discapacidad intelectual y que ha sido observada desde el aspecto conductual sin profundizar en su origen cognitivo. La perseverancia conduce a una actividad mecánica y repetitiva, es decir, “no pensada” en donde predomina un movimiento estereotipado a una actividad reflexiva.
[CONTINUARA...]
1 comentario:
Ya pasó más de un año.... y la segunda parte??... gracias...
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