
Por: Beatriz Mora
A pesar de haber sufrido dos derrames cerebrales, don Villado sigue trabajando en su oficio de la sastrería. Aquí les presentamos su historia:
“Tenía 14 años cuando empecé en el oficio, era 1954. Mis papas fueron los que decidieron que me dedicaría a la sastrería, porque mi mamá trabajaba en esto. Empecé casi a fuerza porque no me gustaba, yo trabajaba en el campo y era feliz. Aprendí en Xico con un familiar, que por cierto, mi papá me llevó a verlo con engaños; estuve 2 meses, el primer mes aprendí a cortar y el segundo a coser.
Antes, utilizaba la escuadra, una regla de madera que yo me hice y una máquina de cocer antigua, singer, de pedal, era la que utilizaba mi mamá. Después me compré tres máquinas, una semiindustrial, otra industrial y una de costura recta. Cuando comencé en el oficio no teníamos luz eléctrica, para planchar utilizaba plancha de carbón y la mayoría de las telas eran de algodón, no había telas sintéticas como hoy, con la uña se podía marcar las partes que había que cortar o coser. Las primeras prendas que elaboré fueron los pantalones rectos y unos que se les llamaba de balón, ahora se les conoce como acampanados; también hacía pantalones con pliegues grandes. Después, mi abuelo me comprometió a hacerle un pantalón de charro, porque era de los que él usaba. El pantalón más difícil de hacer es el stretch. Luego aprendí a hacer camisas y después de muchos años empecé a hacer ropa para dama. Como quise mejorar me iba a Xalapa a platicar con los maestros sastres y me fijaba en los trazos que hacían, pero como no me gustaron yo inventé mi propio trazo, el cual es único.
Le trabajo a todo tipo de gente, tengo clientes de toda la región, tuve clientes de México, Veracruz, Xalapa, Catemaco, y un señor de Monterrey que venía a comprar naranja. También vienen a buscarme algunos alumnos que no encuentran uniformes de sus tallas porque son muy gorditos o muy altos. Cuando comencé costaba 10 pesos la hechura, actualmente sólo les cobro $120 y ellos me traen sus telas; es un precio económico a comparación de otros lugares. También vendía telas que iba a comprar a Puebla porque allá eran de primera calidad. Ahora, me tardo elaborando una prenda un día; antes, cuando trabajaba duro me hacía de 3 a 7 pantalones diarios, trabajaba hasta altar horas de la noche.
Recuerdo un 15 de agosto, era cuando sólo se celebraba esa fiesta en Teocelo, tuve que buscar a mi primo para que me ayudara, tenía demasiado trabajo, como 150 telas. En 15 días lo acabamos, él se hizo 60 pantalones y yo un poco más, pero fue la época en que se vino abajo el precio del café y no sabíamos, entonces ya no vinieron por sus prendas, sólo se vinieron a disculpar. De mi propia bolsa tuve que pagarle a mi primo. Además de la fiesta patronal, los días que más trabajo tenía era el 5 de mayo, 10 de mayo, 20 de noviembre y en cosecha. Antes se acostumbraba que a las personas que fallecían se les ponía ropa nueva y me tocó hacerle la última prenda a varios difuntos.
La mayoría del tiempo he trabajado en Teocelo, pero en una ocasión trabajé en Xalapa, junto al mercado Jáuregui y mi trabajo fue muy bien aceptado y pagado, pero sólo estuve allá como 9 meses, pues tuve que regresarme por cuestiones personales, pero me iba muy bien. También estuve dando clases en la escuela Monroy, fue cuando se abrió la escuela Federal y se empezaron a ir los alumnos, entonces los maestros pensaron que si daban clases de sastrería podían incrementar el cupo de alumnos. Le daba clases a 5 y 6 año, eran 60 alumnos. Algunos alumnos todavía vinieron después del curso para seguir aprendiendo.
Hubo algunas personas a las que les enseñé el oficio, como a Manuel Tlalchi, a Isidoro Guzmán, a Olegario y a Isaías Pale.”
Reconocemos a don José Villado como un personaje popular de Teocelo, quien a sus 70 años de edad, y sus 55 años como Sastre sigue trabajando en el oficio. Puede localizarlo en Independencia Oriente No. 4. en Teocelo.
“Tenía 14 años cuando empecé en el oficio, era 1954. Mis papas fueron los que decidieron que me dedicaría a la sastrería, porque mi mamá trabajaba en esto. Empecé casi a fuerza porque no me gustaba, yo trabajaba en el campo y era feliz. Aprendí en Xico con un familiar, que por cierto, mi papá me llevó a verlo con engaños; estuve 2 meses, el primer mes aprendí a cortar y el segundo a coser.
Antes, utilizaba la escuadra, una regla de madera que yo me hice y una máquina de cocer antigua, singer, de pedal, era la que utilizaba mi mamá. Después me compré tres máquinas, una semiindustrial, otra industrial y una de costura recta. Cuando comencé en el oficio no teníamos luz eléctrica, para planchar utilizaba plancha de carbón y la mayoría de las telas eran de algodón, no había telas sintéticas como hoy, con la uña se podía marcar las partes que había que cortar o coser. Las primeras prendas que elaboré fueron los pantalones rectos y unos que se les llamaba de balón, ahora se les conoce como acampanados; también hacía pantalones con pliegues grandes. Después, mi abuelo me comprometió a hacerle un pantalón de charro, porque era de los que él usaba. El pantalón más difícil de hacer es el stretch. Luego aprendí a hacer camisas y después de muchos años empecé a hacer ropa para dama. Como quise mejorar me iba a Xalapa a platicar con los maestros sastres y me fijaba en los trazos que hacían, pero como no me gustaron yo inventé mi propio trazo, el cual es único.
Le trabajo a todo tipo de gente, tengo clientes de toda la región, tuve clientes de México, Veracruz, Xalapa, Catemaco, y un señor de Monterrey que venía a comprar naranja. También vienen a buscarme algunos alumnos que no encuentran uniformes de sus tallas porque son muy gorditos o muy altos. Cuando comencé costaba 10 pesos la hechura, actualmente sólo les cobro $120 y ellos me traen sus telas; es un precio económico a comparación de otros lugares. También vendía telas que iba a comprar a Puebla porque allá eran de primera calidad. Ahora, me tardo elaborando una prenda un día; antes, cuando trabajaba duro me hacía de 3 a 7 pantalones diarios, trabajaba hasta altar horas de la noche.
Recuerdo un 15 de agosto, era cuando sólo se celebraba esa fiesta en Teocelo, tuve que buscar a mi primo para que me ayudara, tenía demasiado trabajo, como 150 telas. En 15 días lo acabamos, él se hizo 60 pantalones y yo un poco más, pero fue la época en que se vino abajo el precio del café y no sabíamos, entonces ya no vinieron por sus prendas, sólo se vinieron a disculpar. De mi propia bolsa tuve que pagarle a mi primo. Además de la fiesta patronal, los días que más trabajo tenía era el 5 de mayo, 10 de mayo, 20 de noviembre y en cosecha. Antes se acostumbraba que a las personas que fallecían se les ponía ropa nueva y me tocó hacerle la última prenda a varios difuntos.
La mayoría del tiempo he trabajado en Teocelo, pero en una ocasión trabajé en Xalapa, junto al mercado Jáuregui y mi trabajo fue muy bien aceptado y pagado, pero sólo estuve allá como 9 meses, pues tuve que regresarme por cuestiones personales, pero me iba muy bien. También estuve dando clases en la escuela Monroy, fue cuando se abrió la escuela Federal y se empezaron a ir los alumnos, entonces los maestros pensaron que si daban clases de sastrería podían incrementar el cupo de alumnos. Le daba clases a 5 y 6 año, eran 60 alumnos. Algunos alumnos todavía vinieron después del curso para seguir aprendiendo.
Hubo algunas personas a las que les enseñé el oficio, como a Manuel Tlalchi, a Isidoro Guzmán, a Olegario y a Isaías Pale.”
Reconocemos a don José Villado como un personaje popular de Teocelo, quien a sus 70 años de edad, y sus 55 años como Sastre sigue trabajando en el oficio. Puede localizarlo en Independencia Oriente No. 4. en Teocelo.
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