17 de diciembre de 2008

¿Una nueva navidad?

Por: Verónica Carrillo
Es una época que disfruto poco. El frenesí consumista me es ciertamente muy agresivo. Bombardeados por una gigantesca máquina de publicidad, parece que ninguna familia puede marginarse de la "necesidad" de comprar regalos para los suyos.

Yo sí creo en los valores de la paz y el amor, la solidaridad, el momento de compartir, la reflexión por lo que viene, la recapacitación y recapitulación de lo que hice, el perdón. ..Cada año me propongo nuevas, pero pocas metas para que sean susceptibles de ser cumplidas.

De veras, no sufro la “cuesta de enero” porque procuro que en la noche buena, la navidad y el año nuevo, los gastos sean disfrutables para la familia en su conjunto. Hace muchos años que dejé de caer en el afán de comprar y regalar a todos, por varias razones. Las más importantes: una es que llegó un momento en que ya no me alcanzaba para todos y la otra es que no veía que las personas lucieran mis regalos, que con tanto esfuerzo había adquirido. ¿Qué hago? Comparto comida, dulces, botanas, pasteles, a veces compro y otras lo elaboro. Trato de que sea algo diferente y novedoso. Y ¿qué creen? Todos le entran rebonito y yo me siento encantada de verlos disfrutar. Gozo mucho cuando alguien disfruta de mi comida. Bueno siempre hay los melindrosos, pero esos se pierden la oportunidad de disfrutar otros sabores.

Luego hay costumbres que no puedo aceptar, que me invitan a rechazar la época decembrina. Miren, en Xalapa adornan el centro y los parques con hartos focos y estoy segura que toda esa luz que se consume se refleja en mi recibo de luz de enero, que viene bien cargado de cobro. Tampoco me gusta el tiradero de los árboles de navidad. En diciembre el gasto de 300 o más pesos que para enero ¡tiramos a la basura!

El afán consumista es un placer efímero. Reflexionemos. ¿Qué es lo verdaderamente importante? ¿Qué nos puede dar felicidad? El orgullo que se siente de vivir una vida digna, con valores humanos. ¿Qué valores? Eso es algo que cada uno debe descubrir. Yo me siento muy orgullosa del amor que me inspira mi esposo Eric y mis hijos. Me siento muy dichosa cuando pienso en la estabilidad y la seguridad que tengo con ellos. Soy muy feliz de la salud que gozan los niños. Sí, tenemos conflictos como todas las familias, pero tenemos un buen afán de buscar soluciones a lo que se nos va presentando.

Mi trabajo en Radio Teocelo me ha acercado a la verdadera cara de mi país. Que es algo que me enorgullece y a la vez me entristece. He aquí otra situación que me molesta: ¿Cómo se atreven ese Calderón y Carstens a hablar de bonanza en este país, cuando Estados Unidos, la gran potencia mundial, ha declarado una gran recesión económica? Ustedes y yo vivimos una realidad muy diferente. En las comunidades que visitamos da mucha indignación, rabia, coraje, ver que las personas vivan como si la revolución mexicana nunca hubiera existido.

Con tanta mentira, pobres y ricos se alejan así del mensaje de paz y amor que supuestamente celebramos, y que sin duda tanto necesitamos. ¿Qué hacer entonces? ¿Existe otro camino ante esto? Sin duda que sí.

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