
Por: Enrique Piedra
Foto: Juan Pablo Romo“Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres” (Popol Vuh); 10 000 años de agricultura indígena, los hacedores de razas de maíz, nuestros mejores fitomejoradores mesoamericanos, sin embargo nuestro campo mexicano es más que una fábrica de alimentos y de materia prima, que actualmente los industriales junto con la política neoliberal globalizadora del mercado los quiere desaparecer.
Nuestros campesinos no sólo cosechan maíz, chile, tomates, calabaza, plantas comestibles y medicinales para subsistencia, su importancia radica en que también producen aire limpio, agua pura y tierra fértil, diversidad en la vida social y cultural, paisajes con pluralidad de olores, colores y sabores, sinnúmero de guisos, vestidos, sones, cantos y rezos.
Ellos tienen una inagotable riqueza de usos y costumbres como proceso cultural de aprendizaje donde todos intervienen y cooperan: ancianos, adultos y niños, con el fin de aprovechar de manera adecuada los recursos naturales del entorno.
En las garantías individuales emanadas de nuestra Constitución en el articulo 2º, Fracción IV del apartado A, dice: “Conservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyan su cultura e identidad”, y en la fracción V dice: “Conservar y mejorar el hábitat y preservar la integridad de sus bienes en los términos establecidos en esta Constitución” (no se ha dado, permanecen marginados y hay represión).
Estos campesinos e indígenas han involucrado a la sociedad desde 1935 a 1960 (periodo Cardenista-López Mateos) en su conjunto, se convirtieron en el motor principal de nuestra economía nacional.
Poco duró, al imponerse la fuerza capitalista en los siguientes gobiernos y recrudecerse en el gobierno salinista al abandonar y desmantelar al campo mexicano con sus reformas al 127º.
Pero lejos de desaparecer, se organizan localmente e internacionalmente contra el aparato globalizador capitalista, sin embargo se ve el gran impulso a la industria trasnacional y subsidiada por el gobierno calderonista en detrimento de la agricultura rural productiva.
Los campesinos e indígenas a pesar de todos los daños causados por el proyecto neoliberal a sus pueblos y tierras por más de 513 años, nuestras comunidades conservan muchas clases de maíces, prácticas de cultivo y de consumo, así como saberes y cambios que nos permiten sobrevivir y sostener nuestras culturas que son de enorme valor y fuentes de inspiración para las demandas culturales del mundo.
En el apartado B del artículo anterior dice: “La federación, los estados y los municipios, para promover la igualdad de oportunidades de los indígenas y eliminar cualquier práctica discriminatoria, establecerán las instituciones y determinarán las políticas necesarias para garantizar la vigencia de los derechos indígenas… En su Fracción IX dice: “Consultar a los pueblos indígenas en la elaboración del Plan de Desarrollo y de los estatales y municipales y en su caso incorporar las recomendaciones y propuestas que realicen.
¿Se estará haciendo?
Y en el artículo 27º en su fracción VII dice: “La ley protegerá la integridad (totalidad o conjunto) de las tierras de los grupos indígenas”.
Nuestros campesinos e indígenas dicen: “la milpa no sólo es valor comercial, también es para nuestros pueblos, medida del tiempo, ciclo de vida que se cumple en un año, es rendir homenaje a la tierra".
Así se cuida la tierra, se enriquece la vida, se contribuye a la infiltración del agua, se mantiene el patrimonio biogénico tan codiciado ahora por el capital trasnacional (Monsanto, Pioner, Cargill). Que atenta contra la biodiversidad y erosiona nuestras culturas.
Estas funciones ambientales, culturales y de identidad, que son sostén para nuestra soberanía nacional alimentaría y de nuestros pueblos, están en riesgo.
¿Hasta cuándo serán reconocidas por la sociedad y los políticos actuales y en turno?
Nuestros campesinos no sólo cosechan maíz, chile, tomates, calabaza, plantas comestibles y medicinales para subsistencia, su importancia radica en que también producen aire limpio, agua pura y tierra fértil, diversidad en la vida social y cultural, paisajes con pluralidad de olores, colores y sabores, sinnúmero de guisos, vestidos, sones, cantos y rezos.
Ellos tienen una inagotable riqueza de usos y costumbres como proceso cultural de aprendizaje donde todos intervienen y cooperan: ancianos, adultos y niños, con el fin de aprovechar de manera adecuada los recursos naturales del entorno.
En las garantías individuales emanadas de nuestra Constitución en el articulo 2º, Fracción IV del apartado A, dice: “Conservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyan su cultura e identidad”, y en la fracción V dice: “Conservar y mejorar el hábitat y preservar la integridad de sus bienes en los términos establecidos en esta Constitución” (no se ha dado, permanecen marginados y hay represión).
Estos campesinos e indígenas han involucrado a la sociedad desde 1935 a 1960 (periodo Cardenista-López Mateos) en su conjunto, se convirtieron en el motor principal de nuestra economía nacional.
Poco duró, al imponerse la fuerza capitalista en los siguientes gobiernos y recrudecerse en el gobierno salinista al abandonar y desmantelar al campo mexicano con sus reformas al 127º.
Pero lejos de desaparecer, se organizan localmente e internacionalmente contra el aparato globalizador capitalista, sin embargo se ve el gran impulso a la industria trasnacional y subsidiada por el gobierno calderonista en detrimento de la agricultura rural productiva.
Los campesinos e indígenas a pesar de todos los daños causados por el proyecto neoliberal a sus pueblos y tierras por más de 513 años, nuestras comunidades conservan muchas clases de maíces, prácticas de cultivo y de consumo, así como saberes y cambios que nos permiten sobrevivir y sostener nuestras culturas que son de enorme valor y fuentes de inspiración para las demandas culturales del mundo.
En el apartado B del artículo anterior dice: “La federación, los estados y los municipios, para promover la igualdad de oportunidades de los indígenas y eliminar cualquier práctica discriminatoria, establecerán las instituciones y determinarán las políticas necesarias para garantizar la vigencia de los derechos indígenas… En su Fracción IX dice: “Consultar a los pueblos indígenas en la elaboración del Plan de Desarrollo y de los estatales y municipales y en su caso incorporar las recomendaciones y propuestas que realicen.
¿Se estará haciendo?
Y en el artículo 27º en su fracción VII dice: “La ley protegerá la integridad (totalidad o conjunto) de las tierras de los grupos indígenas”.
Nuestros campesinos e indígenas dicen: “la milpa no sólo es valor comercial, también es para nuestros pueblos, medida del tiempo, ciclo de vida que se cumple en un año, es rendir homenaje a la tierra".
Así se cuida la tierra, se enriquece la vida, se contribuye a la infiltración del agua, se mantiene el patrimonio biogénico tan codiciado ahora por el capital trasnacional (Monsanto, Pioner, Cargill). Que atenta contra la biodiversidad y erosiona nuestras culturas.
Estas funciones ambientales, culturales y de identidad, que son sostén para nuestra soberanía nacional alimentaría y de nuestros pueblos, están en riesgo.
¿Hasta cuándo serán reconocidas por la sociedad y los políticos actuales y en turno?
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