1 de octubre de 2014

MUEBLES

TOMADO DEL LIBRO “MIS RECUERDOS”, ESCRITO POR EL PROFR. RAFAEL MARTÍNEZ MORALES DE IXHUACÁN DE LOS REYES, SE REPRODUCE A CONTINUACIÓN LA PÁG. 140

En nuestros días vemos que la madera está desapareciendo porque desaparecen los árboles, y con ellos irpa desapareciendo el hombre que los destruye.

Hace muchos años en mi pueblo, exceptuando algunas camas antiguas de metal, los demás muebles eran de madera maciza, desde la cuna, hasta el cajón para enterrarnos. Podemos decir que el árbol acompañaba al ser humano desde su nacimiento hasta su muerte.

Las camas eran fuertes; las mesas altas, con uno o dos cajones y patas torneadas como si les hubieran querido formar hermosas pantorrillas. Escuché decir que las mesas se fabricaban altas para evitar que se encorvaran quienes comían, planchaban, o escribían sobre ellas.

Las sillas no tenían adornos pero eran resistentes; los roperos eran altos, de color oscuro y sin espejos; las cómodas con las mismas características que los roperos, pero menos altas. También eran de madera las cunas para mecer y dormir a los niños, aunque en algunas casas, formaban las cunas con cuatro cuerdas y un costal. Se usaban también los baúles.

Cuando los chiquillos veíamos abrir un ropero, un baúl o una cómoda, queríamos ver y tocar todo; hacíamos preguntas sobre cada cosa guardada allí.

Los roperos, las cómodas y los baúles contenían lo más valioso, como documentos, alhajas, dinero, retratos amarillentos y cartas de amor; o hasta un viejo libro de poesías con una florecilla deshidratada entre sus páginas, que arrancaba un suspiro profundo al evocar los años felices de la juventud, o quizá resentimiento por no haber coincidido la realidad con los sueños.

Todos los objetos protegidos y escondidos en el interior de esos muebles, y que despertaban curiosidad en los niños, a los viejos sólo les traían recuerdos de momentos que jamás volvieron.

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